Robin Williams: Carpe diem
La noticia de la muerte del actor estadounidense Robin Williams provocó y sigue haciéndolo, un sinfín de reacciones en las redes sociales, donde millones de personas han mostrado innumerables muestras de cariño, pesar y reconocimiento a la figura de este ya mítico actor. A lo largo de estos últimos días he podido comprobar cómo los comentarios a una de sus películas, “El club de los poetas muertos” se sucedían de manera incesante, dejando un poso de agradecimiento y de admiración a la que, sin lugar a dudas, fue una brillante interpretación de Williams como el profesor Keating, en la que como profesor de literatura en una tradicional y prestigiosa escuela para estudiantes y valiéndose de la poesía inspiró un cambio en el transcurso vital de la historia de la vida de sus alumnos.
Ahora, 25 años más tarde, nos atrevemos a valorar lo que de legado inspirador para el desarrollo profesional y personal ha supuesto esta bonita historia. Hoy en día, muchos cortes de esta cinta son utilizados en colegios, universidades, escuelas de negocio y ponencias para dar contenido a mensajes o clases magistrales que tienen que ver con el liderazgo, la motivación, el emprendimiento o los, tan infelizmente en desuso, valores. Muchas de sus ya célebres frases dan sentido a conceptos tan actuales como gestión del tiempo, creatividad, motivación y perseverancia, tan importantes para tallar con mimo la escultura de la persona o de la empresa. Es precisamente este mensaje el que me hace reflexionar sobre un modelo, el educativo, que tiene aún muchísimas cuentas pendientes con todo lo que es y han decidido llamar, la formación integral del individuo. Si la interpretación de Robin Williams y esta película supusieron la destrucción de una generación de educadores que sostenían un método donde la disciplina, la excelencia y la habilidad académica eran los pilares, a día de hoy seguimos estando alejados de un modelo que permita desarrollar de un modo ordenado la creatividad de los estudiantes como base fundamental para el posterior desarrollo ya no sólo de la sociedad y del país, sino tal y como propone el escritor británico Ken Robinson, para toda la humanidad.