Repasos de última hora para intentar ganarse el aprobado
Luisa Moral /Jaén
En la recta final de la temida cuesta de enero, los universitarios de media España afrontan una cuesta no menos pronunciada, que tiene un único objetivo: eliminar parte de la materia del curso para poder afrontar con garantías de éxito el segundo cuatrimestre.
Luisa Moral /JaénEn la recta final de la temida cuesta de enero, los universitarios de media España afrontan una cuesta no menos pronunciada, que tiene un único objetivo: eliminar parte de la materia del curso para poder afrontar con garantías de éxito el segundo cuatrimestre.
Un intenso mes de evaluaciones al que concurren la mayor parte de los estudiantes jiennenses y en el que se ponen a prueba los conocimientos adquiridos en las asignaturas cuatrimestrales y en parte de las anuales. Un periodo, sin duda, que tiene reflejo en el cuerpo y en la mente de los universitarios. Puede parecer exagerado, pero para muchos se trata de una época de excesos peores que los navideños o los de verano: exceso de pasividad y exceso de alimentación. Es la ansiedad en la que se traducen los nervios antes de enfrentarse a un examen y que, entre otras consecuencias, genera una mala alimentación y posturas corporales incorrectas, fruto de las horas de estudio, que acaban en lumbalgias o contracturas. Kilos de más y visitas al doctor que convierten a febrero en uno de los meses peor valorados entre quienes cursan una titulación.
Sin embargo, no hay que llevarse a engaños. La razón de los agobios es consecuencia de la falta de previsión. En este sentido, la frase más escuchada estos días por el Campus es: “el próximo cuatrimestre estudio desde primera hora” o “no lo vuelvo a dejar todo para última hora”. La realidad, no obstante, parece bien distinta, como se evidencia en el número de alumnos que, durante estas fechas, visitan las instalaciones de la biblioteca o de las dos salas de estudio que se ubican en Las Lagunillas —hay una más en el Campus de Linares—. Si habitualmente, encontrar un hueco libre es “pan comido” en cualquiera de las tres plantas del edificio, ahora es casi imposible si no se llega a primera hora de la mañana. Para muestra, un botón: durante el tiempo del almuerzo es habitual que los alumnos dejen sus apuntes en las mesas para no perder sus puestos. Y es que, las 2.270 plazas de lectura disponibles se quedan pequeñas cuando llegan las evaluaciones. Más aún, en el caso de las salas, que no cierran para quienes prefieren la noche para intentar concentrarse.
Sin embargo, quienes hacen su agosto en pleno invierno son las cafeterías y las empresas propietarias de máquinas expendedoras. Y es que, a pesar de que hasta el dentro de tres semanas, los alumnos no volverán a clase, el Campus rebosa de actividad de sol a sol. Gracias al horario de apertura ininterrumpido durante toda la semana, quienes prueban suerte con el estudio a última hora o quienes repasan hasta el último momento, comparten una misma “adicción”: la cafeína o las bebidas estimulantes. Conseguir un café, estos días, es una cuestión que requiere esperar cola, mientras que los refrescos —más baratos que en otras instalaciones—, pueden llegar a estar agotados.
Algo similar ocurre con las copisterías que se localizan en diferentes edificios. Quienes las atienden trabajan casi al límite de sus posibilidades entre fotocopias de apuntes e impresiones digitales. Los estudiantes no esconden que, precisamente, esta es una de las razones por las que acuden hasta el Campus, ya que, junto con otros compañeros, pueden comparar la materia y pedir prestada la que no tienen. Soluciones de última hora con las que intentar arañar algún punto en el examen.
Sólo o en compañía, desde la Universidad lo tienen claro, sólo hay una vía para el aprobado: tiempo de estudio. Y es que, aunque lejos queda ya la polémica de las “chuletas” suscitada el año pasado en la institución académica hispalense, más vale prevenir que curar. Si un profesor coge a un alumno “en un desliz”, tendrá que volver a examinarse en las convocatorias de junio o septiembre.