¿Renacerá la política?

En esta legislatura estamos viviendo un aletargamiento de la vida política en los órganos institucionales creados por la democracia para ejercitarla, como es el Parlamento. Pero la actividad política está siendo exuberante por el partido en el gobierno, que está imponiendo su ideología sin apenas oposición, mejor dicho sin que esta consiga hacerse oír. La vida política institucional se resume a los consejos de ministros de los viernes y a la posterior rueda de prensa, donde un representante del gobierno nos dice las medidas que van a tomar, siempre para nuestro bien, y que coinciden prácticamente con las recomendaciones de Bruselas o de la Troyca.

    03 jun 2014 / 22:00 H.

    Nos trasladan la sensación de que las medidas que toman son las únicas que se pueden y deben realizar ante los problemas existentes, algo así como si estuvieran resolviendo un problema matemático. Quieren convertir la política en una actividad técnica y exacta sobrando las ideologías. Me pregunto si esto fuera así cómo hemos llegado a esta crisis, será que algunos se equivocaron al resolver el problema. Lo peor de todo es que estos siguen en el poder y ahora nos dicen como se debe resolver el problema que ellos crearon. Pero como decía Aristóteles el hombre es un ser político y tiene que satisfacer esa necesidad y ha encontrado cómo hacerlo, a través de los debates televisivos. Ha sustituido un parlamento devaluado por los platós de televisión. La aparición con fuerza, con mucha voz y con ganas de que se le escuche del partido Podemos va a acentuar esta situación, ya que no tiene representación en el Parlamento, así que a partir de ahora y hasta las próximas elecciones generales los debates ideológicos los veremos en el plató-parlamento televisivo y los parlamentarios después de ver la televisión y de su asistencia en el Congreso rebatirán lo que han dicho los tertulianos-políticos. Hay que reconocer que lo escrito hasta aquí es esperpéntico, pero a esto nos ha llevado, porque le ha interesado, el gobierno actual evitando siempre que ha podido el debate de ideas y arroyando con su mayoría absoluta.