Razones para el optimismo

No hay que tirar la toalla (sería un despilfarro en los tiempos que corren), hay razones para el optimismo. Estamos en Primavera y como las estaciones y las flores afortunadamente no ven el Telediario, ha vuelto a estallar la vida (y las alergias también todo hay que decirlo) ajena al desánimo, y el sol alumbra y nos calienta (y de qué manera a ciertas horas) como si la prima de riesgo y el déficit estructural no pusieran en grave peligro el equilibrio del cosmos universal.

    30 may 2013 / 17:45 H.

    Y debemos congratularnos de que en los próximos meses no hay previsto ningún nuevo fin del mundo, los mayas, Nostradamus y compañía desde su reposo eterno, nos dan un descanso temporal, y no se acaban ahí las buenas noticias, porque nuestros pantanos están a tope (aunque con serio riesgo de desbordamientos, pero no se puede tener todo en esta vida). Y paseando por Jaén podemos constatar a diario que tenemos una de las redes tranviarias más avanzadas, aunque en desuso por falta de recursos, ya lo sé, pero las vías adornan un montón. Y debemos sonreír, porque ni la Troika ni la Comisión Europea ni el BCE ni el FMI o demás siglas siniestras nos han “sugerido” todavía un impuesto que grave la ironía o el humor, aunque ahora que lo pienso no debería incluir este punto, por si alguien en Bruselas lee este diario, que no hay que andar dando ideas a gentes tan imaginativas. Y que por mucho que nos presionen los números, no será posible privatizar determinadas parcelas relacionadas con lo público, tales como el calor del público, la opinión pública o el escándalo público. Y en definitiva, tenemos que sentirnos orgullosos, porque podremos presumir ante las futuras generaciones de haber vivido una de las épocas más llamativas y exóticas de los últimos tiempos, que ya para entonces habrá caído definitivamente en el olvido: aquel viejo sueño llamado: “el estado del bienestar”. Fue bonito mientras duró. Pero no hay que ponerse nostálgicos, hay que ser positivos. ¡Y que nos quiten lo bailao! (Ah, y no me refiero a ninguna penalización retroactiva sobre verbenas y similares, que nadie me malinterprete, por favor).

    Tomás Afán es dramaturgo