Queridos Reyes Magos
Que no sea mucho el carbón para quienes eran tan aparentemente exigentes, tan duros, apasionados, hasta lo injusto, tan sumamente atentos y tan poco fundados en el contenido de las críticas. Los 'Sipe', o sea, los 'sí, pero'.
Que no sea mucho el carbón para los sipe que tanto han opinado públicamente desde el negativismo, esos a los que ante la realidad, sea la que fuera, no controlaban su impulso de decir constantemente: Sí, pero… para señalar siempre los defectos o lo que a ellos les gustaría que fueran tales. Queridos Reyes, la tendencia al “sipe” se había recrudecido en los últimos meses, y llegaba a ser inquietante. Incluso se veían muestras de alegría cuando los “sipes” se lanzaban a criticar, cada vez con menos fundamento, actuaciones que en un primer momento deberían parecerles acertadas y convenientes. Aunque con ello hacían un flaco favor a nuestro país; pero, aparte de que esto necesitaría alguna explicación y comprobación más extensa, siempre ha sido más recia la complacencia en la descalificación, la disminución de los que tenían enfrente. Que no sea mucho el carbón, aunque tengamos la impresión de que eran muchos los “sipes” a los que parecía gustarles que las acciones, las personas y las cosas fueran malas, que se errara, que se perdiera el prestigio, que desaparecieran de la escena cualquier persona que pudiera inspirar confianza o esperanza; y sí, lo sé, sentían ese gustillo, ese pequeño espasmo de fruición. Altezas, no penséis que los que así sentían y actuaban puedan tener un profundo descontento de sí mismos o que no se esfuerzan por superarlo para ser merecedores del reconocimiento de todos, no penséis que prefieren aportar su esfuerzo para que los demás no lo consigan tampoco o lo pierdan. Queridos Reyes, no os voy a hablar aquí de esa otra curiosa tendencia de los sipes que se combina con su negativismo o la complementa, aunque en apariencia pueda parecer opuesta. Me refiero a lo que le pedí en mi carta a vuestro competidor Papá Noel. Me refiero a eso que los niños llamamos dar coba y los mayores llaman adulación. Los “sipes” tienen su propia lista preestablecida de los destinatarios de esas alabanzas. Lo curioso es que son mecánicas, no basadas en nada concreto que se vea a priori; tanto es así, que no se refieren ni siquiera a obras realizadas, sino a sus simples anuncios. Elogian con desmesura todo aquello en lo que hasta hace unos meses no creían, no admiraban, y que quizás ni comprendan todavía. Altezas, disculpad a estos niños “sipes” que pensaban que todo esto no tendrá consecuencias. Aunque provocarán reacciones sociales, desorientación en la mayoría y el destrozo de la imagen pública de personas e instituciones.
Miguel Ángel Olivares es escritor