02 jun 2014 / 22:00 H.
Hace tres semanas, en una conferencia del experto en coaching Pepe Cabello sobre emprendimiento, con motivo del programa Lince, me adherí a un compromiso que consistía estar durante veintiún días sin quejarse (www.porunpaissinquejas.com). El argumento me convenció, y se basaba en que describir un problema sin acompañarlo de propuestas, es decir quejarse, no contribuiría a cambiar la situación, e incluso esta queja tiende a agrandar el problema. Difícil reto cuando nos rodean situaciones que invitan a la queja. Que si los casos de corrupción, que si la crisis económica, que si el precio del aceite, las elecciones europeas, que si el tranvía, que si no quieren la catedral, que si no hay aparcamiento, que las listas de espera, que los recortes sociales, que hace mucho que no llueve, que verás como llueve, y lo caro que está todo, “uf, qué calor que hace hoy”, que yo sabía que al final nos la jugábamos en la última jornada, etc. Confieso que he incumplido este compromiso más de una vez. Efectivamente, quejarse no sirve de nada. Por mucho que nos quejemos no subirá el precio del aceite, no jugaremos en primera, no lloverá y no subirán las temperaturas. Es más, puede que hasta nos calentemos más. Lamentablemente un porcentaje alto de personas desempleadas se queja por no tener trabajo. La mayoría de ellas se quejan y se quedan ahí, en la queja, sin hacer nada para salir de la situación. Igualmente la gente que trabaja, en su mayoría también se quejan del trabajo que tienen. Sin embargo describir una situación por lo que sientes, sin acompañarla de propuestas, no vale, y todo se queda ahí. La queja viene a contribuir al desahogo, pero debemos convencer para acompañarla de qué puedo hacer yo para cambiar esto. Es por esto que se admiten protestas, si vienen acompañadas de propuestas. Se necesitan personas que hagan cosas, que sean los verdaderos protagonistas de este cambio de época que vivimos. Sistemas más participativos ayudarían a nuestros gobernantes. Necesitamos un Jaén sin quejas, pero no un Jaén conformista. Vamos a pasar de un Jaén quejica, a un Jaén con soluciones. ¿Te apuntas?