Piropillos para la Virgen

Virgen de la Capilla, porque eres Reina de Jaén, cucha qué bien, me gusta rezarte hincando las rodillas. San Ildefonso, labrador y artesano, me ha abierto las puertas de los nenes recuerdos. Toqué la regordona Icampana y sus bronces sonidos fueron palomas blancas de la paz que surcaron los cielos azules de este Jaén verdi-plata, rendido, desde siglos, más los que han de venir, a los pies de su santa Patrona. Todos los poemas vestidos de perfumadas flores son pocos para esta madre jaenera, tan chiquitita y tan guapa, como un suspiro contador de estrellas y luceros de la atardecida. A la Virgen, le dedico esta gavilla prosopoética, con la intención de que me oiga, y al mismo tiempo, me perdone si he faltado a su presencia en la almohada de cada noche, en los buenos días de cada sol naciente bruñidor de oros nuevos. Ayer como hoy, Jaén te ofrece en los balcones sus mejores geranios, sus espectáculos mantones de Manila, sus sillas de anea en la puerta, porque vas a pasar con los brazos abiertos y repartiendo  besos, a manos llenas, a todos los que creen en ti. Ya lo sabes, ¡Madre: te quiero!

    10 jun 2014 / 22:00 H.