Pimentel encandila a la audiencia con su discurso sobre el talento
Fran Cano/Jaén
Inteligencia y talento no son lo mismo. Así lo entiende el escritor Manuel Pimentel y así lo comunicó a los asistentes al acto inaugural de los Cursos de Verano de Baeza. El exministro de Economía deslumbró a la audiencia con un discurso ágil y elocuente sobre 'La discreta búsqueda del talento'.
Inteligencia y talento no son lo mismo. Así lo entiende el escritor Manuel Pimentel y así lo comunicó a los asistentes al acto inaugural de los Cursos de Verano de Baeza. El exministro de Economía deslumbró a la audiencia con un discurso ágil y elocuente sobre 'La discreta búsqueda del talento'.
Tranquilo y sereno, Pimentel aguardó su turno mientras el alcalde de Baeza, Leocadio Marín; el rector de la UNIA, Juan Manuel Suárez Japón; la directora de la sede Antonio Machado, Alcázar Cruz, y la vicerrectora de Extensión Universitaria y Participación, Rosario García-Rondel, presagiaron su formidable conferencia anunciándolo con tantos elogios como merecía la “estrella” que abrió los cursos de verano.
“He venido a hablar de personas”, advirtió el exministro de Economía nada más tomar la palabra. Y cumplió. Manuel Pimentel centró su conferencia, aparentemente didáctica, en la necesidad humana de buscar y perseguir la felicidad.
“Talento e inteligencia tienen poco que ver. El primero es la facultad que tiene una persona de hacer algo especialmente bien. Mientras que lo segundo ilustra a quien ante un problema genera respuestas y sabe elegir la más adecuada”, explicó el empresario en el umbral de su intervención.
Lejos de mostrarse distante y caer en tecnicismos que pudieran enfriar el ánimo de la audiencia, Pimentel conectó con todos a base de agilidad retórica y empatía inacabable. Una y otra vez apeló a las personas. “Todos tenemos talentos. El mayor riesgo que afrontamos los humanos es no descubrirlos a tiempo. O no descubrirlos nunca”, precisó. Y se esforzó, con éxito, en trazar cartesianamente la frontera que separa la inteligencia del talento.
“Es que la inteligencia no está tan bien vista porque puede generar infelicidad. Para ser inteligente hay que saber elegir”, continúo, al tiempo que ejemplificaba cómo una mala decisión personal puede acumular años de frustración. “Sin embargo, el talento, si lo descubrimos, genera buen rollo porque nos conecta a la vida que queremos vivir”, dijo.
En la misma línea, abordó el clásico debate sobre la naturaleza o la procedencia del talento: ¿se hace o se nace con esta aptitud tan valiosa?. “El talento nace y se hace. El ideal consiste en empecinarse en algo para lo que estamos, en principio, dotados”, detalló para relacionar la necesidad que tienen las personas de trabajar y persistir en aquellas tareas que dominan con soltura.
Pero también habló de actitud y de lo importante y necesaria que es para afrontar los malos tiempos económicos actuales. “Tenemos que asumir la situación actual para poder seguir adelante”, dijo, y señaló la conveniencia de inventar nuevas ideas para esclarecer el panorama.
“Lo peor que hay en la vida es que siempre le queramos echar la culpa a los demás”, admitió, para animar a las personas a cambiar las cosas de su “más pequeña escala”. Así, el polifacético empresario se ganaba a su público, persuadiéndolo con cada oración.
Y no es solo su pasado político ni su trayectoria literaria lo que invitan a escuchar con atención el discurso vitalista de Pimentel; no se mordió la lengua ni una sola vez durante su intervención.
“Existen los ‘vampiros’ de energía. Devoran el optimismo y te convencen de que todo está mal y de que todo irá a peor. Hay que estar alerta. Porque no aportan soluciones, solo drama”, explicó, a la vez que sonaba el eco de las risas de los asistentes, cómplices desbordados por la elocuencia y el pragmatismo que exhibió Pimentel.
En su particular clasificación social, el exministro situó en un escalón por encima de los “zombies”, a los turistas. “Estos pasan por la vida muy preocupados por aspectos externos. Les gusta llevar la mejor ropa, estar con la más guapa y hacerse la foto en el sitio más exótico y deslumbrante. Y poco más”, desarrolló con naturalidad su visión de las maneras que hay de situarse ante la vida.
Por último habló de los “caminantes”, de la cúspide de la pirámide moral que trazó en pocos minutos. “Aquí aparecen algunos pocos que eligen el proceso más adecuado. No el más fácil ni el más bonito. Y disfrutan más en el trayecto que en la meta”, dijo.
Para subir de categoría, Pimentel señaló a la sabiduría, a la cualidad de conocer para qué se hacen las cosas. “Así se puede llegar a ser feliz”, concluyó ovacionado por todos. Antes de su intervención, el alcalde de Baeza, Leocadio Marín, y el rector de la UNIA, Juan Manuel Suárez, encumbraron los cursos de verano y la calidad de sus ponentes. Pimentel, su amigo, lo corroboró.