Mengíbar-. Paseos al alba para despertar la fe
Jesús Vicioso Hoyo / Mengíbar
La Real Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno repitió la antiquísima tradición de “munir” a los hermanos para invitarlos al rezo del rosario de la aurora con singulares coplas que irrumpen en las madrugadas mengibareñas. La Coral Ossigi participó en la primera noche de las rondas de este año.
Jesús Vicioso Hoyo / MengíbarLa Real Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno repitió la antiquísima tradición de “munir” a los hermanos para invitarlos al rezo del rosario de la aurora con singulares coplas que irrumpen en las madrugadas mengibareñas. La Coral Ossigi participó en la primera noche de las rondas de este año.
Los amaneceres más esperados en Mengíbar saben a despertares con guitarras roncas y voces “celestiales”, a dulces típicos y a tragos de anís que recalan en cada una de las casas de los hermanos de las cofradías más antiguas que participan en los populares rosarios de la aurora. Aunque la celebración arrancó a finales de agosto y los rezos dominicales anteriores ya los organizaron las hermandades de Nuestra Señora de Fátima y de La Morenita hasta ahora no arrancaron las rondas para munir e invitar, así, a acudir al desfile del alba que parte y acaba en el templo parroquial de San Pedro Apóstol, tras recorrer las calles del itinerario antiguo por el casco histórico.
La larga madrugada de los fieles del Nazareno arrancó, pasadas las dos de la madrugada, desde la casa del hermano mayor, Pedro Pancorbo, donde se congregó la comitiva —guiada por el presidente, Pedro Iglesias— que comenzó a munir con las coplas antiquísimas. Y, como siempre, se empezó por la más querida por el coro. “De rodillas, todos tus hermanos, humildes pedimos nos des tu perdón y protejas a esta cofradía que para alabarte viene con amor”. “Y así con fervor, quien quisiera subir a la gloria, rezará el rosario con gran devoción”, responde el estribillo. Como novedad, este año participó —durante algo más de una hora— la Coral Ossigi, cuyos integrantes también se unieron al acto de hermandad para convocar a los cofrades.
Son momentos tan especiales que algunos de los “despertados” por el cortejo recompensan a los que “tienen el cuidado” —como dice otra copla— de llamarlos de esta manera tan emotiva, porque a todos los cofrades les hace especial ilusión que una vez al año su hermandad acuda a las puertas de su casa para cantarles horas antes del rosario, que sale a las siete de la mañana desde San Pedro.
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