Otra Diada en campaña

La escenografía por la independencia de Cataluña tuvo ayer una imagen más que buscada cuando arrancaba una campaña electoral que los secesionistas califican de crucial. El “tótum revolútum” que supone el Juntos por el sí, requería de una poderosa puesta en común que la Diada una fiesta democrática, a priori, para todos los catalanes, brinda pero solo para un sector amplio de catalanes que prefieren caminar solos. Tal como preveían el resto de fuerzas políticas, los actos institucionales para festejar esta efeméride sirvieron, un año más en esto no hay novedad  con respecto a otras celebraciones, en un cántico por las posturas nacionalistas. Todo vale, da igual que cuenten más los escaños que el total de los votos de los ciudadanos. Si las cifras no cuadran se modifican las premisas de partida. Es la ventaja del nacionalismo que aspira a todo, y es su todo, sin asteriscos, con lo cual siempre está en permanente litigio contra el resto. Escondido en una amalgama de siglas unidas por la independencia, se esconde un Artur Mas al que hay que reconocer su capacidad camaleónica de cambiar al discurso para permanecer siempre en en lado bueno de la cámara. Cuando la crisis atenazaba a todos los Gobiernos autónomos, él conseguía salvar bolas de partido y de los severos recortes de su ejecutivo gracias a la narración proindependentista y ahí sigue, a pesar de que Convergencia sea un partido carcomido por la corrupción (con todas sus sedes embargadas por sentencias judiciales). Su hoja de ruta apuesta a todo o nada, al margen de cualquier posicionamiento legal. Y mientras tanto, con todo su poder volcado en esta idea, tiene que ser muy complicado ser catalán sin ser independentista.      

    12 sep 2015 / 10:58 H.