Oro como cobijo y refugio
La crisis ha disparado el precio del oro en el mercado. El metal precioso ha multiplicado su valor en los últimos años. Ahí han buscado cobijo y refugio quienes tenían dinero que invertir y no se fiaban de las turbulencias e inestabilidad del mercado. La elevada demanda ha hecho que se dispare su precio.
La crisis ha disparado el precio del oro en el mercado. El metal precioso ha multiplicado su valor en los últimos años. Ahí han buscado cobijo y refugio quienes tenían dinero que invertir y no se fiaban de las turbulencias e inestabilidad del mercado. La elevada demanda ha hecho que se dispare su precio.Y ya se conoce que el oro se ha convertido en el objeto de deseo de los amigos de lo ajeno. Los joyeros lo saben bien. También han aumentado las “sirlas” y los tirones en busca de cualquier objeto que se pueda fundir o vender.
De poco sirve que los profesionales del gremio aumenten los sistemas de seguridad, que denuncien ante las Fuerzas de Seguridad, que tiren la toalla dejando el negocio o que, en el peor de los casos, acaben heridos ejerciendo su oficio. Las joyerías se han convertido en un goloso objetivo para los amigos de lo ajeno. Solo el año pasado, la Federación Andaluza de Joyeros contabilizó 33 robos a estos establecimientos en la provincia.
Hace unos días, un Juzgado de lo Penal de Jaén condenó a penas de prisión a tres personas que intentaron llevarse diversos abalorios de una joyería de Porcuna. Mientras dos de ellos distraían al propietario interesándose por unos collares, una mujer quiso vaciar las estanterías, repletas de valiosos pendientes, relojes y pulseras. Ninguno de los tres ingresará en la cárcel, a pesar de que cuentan con antecedentes por hechos similares.
Lo que estos tres ciudadanos intentaron realizar fue un robo al descuido. Es uno de los métodos más utilizados para desvalijar joyerías. Sin embargo, también es uno de los más arriesgados. Los profesionales prefieren el butrón. Cada día es más frecuente que los propietarios suban la persiana, abran su local y se encuentren un agujero en alguna de sus paredes o, incluso, en el techo. Se trata del sistema más utilizado para desvalijar el oro y la plata de estos establecimientos especialmente castigados por la crisis económica. No en vano, desde el año 2008, los robos en este gremio han ascendido en más de un cien por cien, según confirman fuentes del sector. Y lo peor es que la estadística sigue engordando. Con esta sangría, la Federación de Joyeros estima que los cacos se han agenciado material por valor de 21,4 millones de euros en Andalucía. En Jaén, se calcula que las pérdidas superan los 2,5 millones. La crisis ha traído consigo la resurrección de antiguos usos y actividades prácticamente abandonados. Los mecánicos de barrio ahora arreglan piezas en vez de encargar nuevas. Los clientes lo piden. Pero la vuelta al pasado no siempre es tan benigna como la de tratar de reparar en vez de comprar de nuevo. Actividades ilegales propias de los años ochenta están de vuelta. El robo de cadenas de oro mediante el procedimiento del tirón ha regresado y lo ha hecho con fuerza.
La severidad de los castigos y el poco dinero que se obtenía hicieron que los ladrones abandonaran este método. No compensaba a nadie robar una cadena de oro porque era poco el botín que conseguir y muchos los años que podía uno pasarse entre rejas. Pero ahora las cosas han cambiado. Como reconoce un policía conocedor de la calle, “no hay dinero por ningún sitio” y el mundo de los rateros está muy agitado. La falta de circulante entre el lumpen criminal y la subida del oro ha dado como resultado la resurrección del robo de cadenas y collares.
Tal es la preocupación que la Junta y la Policía han puesto en marcha una campaña de vigilancia sobre las joyerías y los establecimientos dedicados a la compraventa de oro. Inspectores hicieron controles en 15 tiendas jiennenses para comprobar si se cumple la normativa que protege los derechos de los consumidores. Rafael Abolafia / Jaén