Objetivo imposible, sacrificio cero

Allí donde hay un animal herido acude Antonio Murciano, presidente de Aministía Animal en Jaén. No es un superhéroe, pero cuenta que se le acumulan las intervenciones en diferentes municipios de la provincia. Hasta catorce veces acudió, en las últimas semanas, a Bailén a la búsqueda de una galga. Lleva más de medio centenar de rescates en lo que va de año. El referente del citado colectivo afirma que el maltrato y el abandono animal son una lacra que ha aumentado en los últimos años; el sacrificio cero, que ya se ha logrado en Madrid, es un objetivo lejano en territorio jiennense.

21 jun 2015 / 08:49 H.

“Los casos de rescates de perros crecen, porque el abandono también experimenta la misma dinámica”, sostiene Murciano, que apunta a la crisis como uno de los factores que explica la relación proporcional entre ambas variables. “Cuando una persona carece de medios suficientes para seguir adelante se desprende de la mascota. Cree que en la calle no le pasará nada”, lamenta Murciano. Señala que en Martos, donde tiene su punto de operaciones merced a un refugio propio, hay entre una veintena y una treintena de canes a la intemperie. “En Jaén capital y las inmediaciones, la situación es criminalesca. Y me ahorro citar los municipios más bárbaros por respeto a los ciudadanos que sí son ejemplares”, agrega. “Sé de lugares donde el ahorcamiento es una práctica común. Hay empresas que anestesian con armas a los canes. Está prohibido a menos que supervise la operación un veterinario”, apunta.
Este periódico se hizo eco, recientemente, de dos situaciones particularmente violentas. Un perro murió tras ser tiroteado en Arjona. Hubo otro caso, tres días después, una muerte por una paliza que perpetraron supuestamente menores de edad.
Las razas que sufren más debido a la violencia humana son los galgos y los podencos. “El primero es el animal más dócil que hay encima de la tierra. En Francia, Holanda, Bélgica y en Suiza es de compañía. En España también empieza a verse en los hogares”, indica. La vida de los galgos no supera el lustro. “Cuando llega ese tiempo, algunos dueños los ahorcan, los abandonan o les pegan un tiro”, explica.
El presidente de Amnistía Animal en Jaén subraya que existen formas de maltrato animal aceptadas por la sociedad, pero igualmente censurables. Es el caso, por ejemplo, de un pastor alemán que apenas puede moverse dos metros porque está atado con una cadena. Murciano sostiene que si bien existen leyes para evitar las vejaciones que sufren los animales, falta contundencia para hacerlas cumplir. “El infractor sale impune la mayoría de las veces”, añade. A su entender, las administraciones públicas deben trabajar más en este sentido. El asunto de la ausencia de microchip en “el 95 por ciento” de los perros rescatados es paradigmático.
El reto de Amnistía Animal es conseguir el sacrificio cero, tarea compleja cuando, según los datos de Murciano, se producen cerca de cien sacrificios al mes, con hornos crematorios. “No quiero ni pensarlo”, concluye.