Nos vamos a Marigold
Hace escasa fechas decidí acercarme al cine, elegí la película con dudas entre varias opciones. La elegida fue 'El exótico Hotel Marigold'. No tenía referencias previas. Acudí con uno de mis buenos amigos de siempre. Estábamos solos hasta que a punto de iniciarse la proyección, entró otra persona, una mujer, aparentaba algo más de sesenta años.
Por razones de calidad de visión estábamos los tres cercanos, lo que agradecí, ya que la sensación de soledad disminuía así. Nos cuenta la historia de siete personas, británicas, de edad madura, con la parte más vital de sus vidas ya superada, que acuden a unas vacaciones diferentes, atraídas por la publicidad de un hotel en la India. Allí acuden, con sus expectativas, sus deseos de descansar y alejarse de su pasado por unas fechas. Las enormes carencias del hotel y las condiciones de vida de aquél país, abren una crisis en cada uno de los viajeros; hacer frente a la frustración y desencanto, adaptarse a un mundo diferente y mirarse a un espejo mate, termina conduciendo a los protagonistas a encontrar la oportunidad de abrir nuevos horizontes en sus vidas, sin las grandes comodidades y necesidades de nuestra sociedad occidental. Sencillamente, una mirada sincera al interior, abrir los poros de la piel para sentir la vida, poner los sentidos para mirar y oler otro mundo lleno de alternativas. Se acerca el tiempo de las vacaciones, del verano, del calor y las horas muertas. Seguramente, para muchos no serán las vacaciones soñadas a través de los folletos de las agencias de viaje. Eso no debe ser un problema, como no lo es para los protagonistas de la película. Es una buena oportunidad para dejarse acariciar por el calor de las personas cercanas y dejar que las sensaciones que no percibimos habitualmente, nos envuelvan por unos días. Ya hemos comprobado estos años que la riqueza no nos la da el dinero, o la hipoteca. Y si quieren acercarse a la hermosa Marbella, se encontrarán mucho más que grandes hoteles de lujo; si quieren una cena con velitas, cualquier taberna, cualquier sencillo rincón de Andalucía, les dará el calor y la intimidad que buscan; y, además, la tranquilidad de haber pagado con dinero de su bolsillo. Lo bueno de las crisis prolongadas es que siempre traen oculta la oportunidad de reflexionar sobre las cosas que deben cambiarse. De esta crisis saldremos con menos dinero, pero no debemos salir con menos derechos. Por eso, cuando encuentro a mi hija en las fotos de la prensa, en una de las manifestaciones de estudiantes, con sus compañeros de universidad, sé que hay esperanza en que las cosas mejoren, porque los que vienen detrás saben lo que quieren y evitarán que, en lugar de una sociedad moderna, construyamos un mundo antiguo, crispado y despersonalizado. Marigold es posible.
Enrique González Fernández es médico y diplomado en Gestión de Áreas Hospitalarias