Nos han engañado
De un modo otro ya lo sabemos y algunas voces vienen denunciándolo: nos han engañado, en realidad no hay crisis. Pero sepamos o reconozcamos esto, la estafa ha servido para liberalizar el trabajo, abaratar el despido, etcétera.
Se supone que la gente, como siempre tarde, reaccionará. Desde hace varios siglos, los gobiernos creían en la utilidad de la felicidad pública, como reto de la Modernidad. Se estableció un Contrato social para equilibrar los intereses públicos y privados, sin menoscabos pero sin desestabilizar sus relaciones. Sin embargo, el ataque neoliberal de estos años aborda el corazón de la modernidad, el desprestigio de lo público. Me da mucha pena, es más, diría que me repugna, pensar lo que están haciendo con servicios básicos como la sanidad, la educación o las pensiones. Con la ley de dependencia. Con la cultura. Con las prestaciones sociales. Con las infraestructuras. Con el tren. Con el desarrollo de una comarca, provincia o región. Y el robo. Maldita sea, el robo. Nos falta sentido común para afrontar colectivamente este engaño, nos están cambiando el mundo, volviéndolo más duro para que sufran más lo que menos tienen, y para que vivan mejor los que ya disfrutan de privilegios. ¿Qué razón soporta esto, qué manera de pensar está a favor de la injusticia, la indignidad, la miseria y la explotación? Aunque cueste reconocerlo, mucha mala gente camina por nuestra tierra, deseándole tan solo maldad al prójimo y haciendo lo contrario que predica. Doble moral. Hipocresía.
Juan Carlos Abril Escritor