Noruega

Desde hace varios años, y al parecer con éxito, la televisión nos viene mostrando en distintos programas, formatos y cadenas a muchos compatriotas que están encantados viviendo en los más diversos países y latitudes. Suelen ser programas amables que hacen un recorrido con cada paisano por los sitios más pintorescos y conocidos de ese lugar.

    28 may 2012 / 11:06 H.

    Sin embargo ayer me impactó un programa sobre los primeros treinta días de varios españoles en la “feliz y rica Noruega”. Es un programa demoledor que nos lleva a la verdadera realidad, e incluso a la dimensión trágica y olvidada de la emigración. Es durísimo contemplar a estas alturas del siglo XXI, como vuelve el dolor desgarrador de la emigración por necesidad a tantas personas. En mi infancia, como tantos niños andaluces, sufrí la experiencia de ver como nuestros mejores amigos, los vecinos, se iban marchando, no sabía si para siempre. Una semana se iba una familia de tu calle, la siguiente los conocidos de la calle de más arriba, y así una lista interminable de jiennenses que cargaban el camión hasta los topes, o sólo con lo que podían con destino a Barcelona, a la España próspera. Como niños pensábamos que aquello no era justo, que era una pérdida irrecuperable. Así ha sido, la mayoría nunca volvieron; de los que han vuelto, algunos irreconocibles por el tiempo y la distancia. Ahora les gusta su tierra pero se sienten distantes, extraños, y muchos afrontan que es como si no fueran de allí ni de aquí. Hoy, a la próspera Noruega están llegando muchos españoles no ya a trabajar como ingenieros o arquitectos, como se empeñan en mostrar los amables programas referidos, sino crudamente, a trabajar sólo en dos sectores laborales, dignísimos y esenciales, pero sólo dos: la recogida de basura y la limpieza, al parecer son las tareas que los noruegos no quieren hacer. Incluso encontrar uno de estos trabajos es una suerte que no está al alcance de todos. Sirven de poco los títulos y los idiomas que lleves, ¡o sabes noruego o eso es lo que hay! Y pongo Noruega como paradigma de los países prósperos del norte, reinos de la calidad de vida y de la socialdemocracia durante decenios, pioneros en derechos y socios europeos de España. Pues sí, ahora Noruega, Suecia, Finlandia y Alemania también son testigos de las “fatiguitas” de muchos españoles. Quién nos iba a decir en el decenio 1996-2006 a los españoles que nuestra generación iba a rememorar el drama de la emigración en su propia carne, cuando llevamos años despreciando a nuestros vecinos del Sur. Es para pensar, se ve que nada es para siempre.
    Francisco León Valenzuela es abogado