No somos libres

La condena de nuestra paisana Alba González Camacho, sus opiniones enalteciendo el terrorismo son completamente inaceptables desde cualquier punto de vista sensato. Sólo la exaltación juvenil revolucionaria o la creencia de que todo vale en las redes sociales llevaría a equivocarse de ese modo. Pero me pregunto yo con la misma sensatez: ¿hasta qué punto no ejercen una violencia incalculable ejecutivos, banqueros y políticos contra los trabajadores y las clases medias?

    06 feb 2014 / 16:40 H.

    Marx descubrió que, en el paso del feudalismo a la modernidad, en el capitalismo en el que sobrevivimos, entre el vasallo y el sujeto libre, el engaño consiste en creer que somos libres —libres, sí, pero de ser explotados— cuando en realidad los poderosos se benefician a través de nuestra fuerza de trabajo, la plusvalía que se genera, la riqueza que producimos y que no recibimos. ¿Es violencia o no es violencia eso? Y así seguimos. Esta sociedad biempensante no permite los comentarios de Alba, mientras vemos, casi sin pestañear, latrocinios a gran escala, tratos de favor, corrupción hasta la médula, ciudadanos de primera y de segunda, robos de guante blanco, mentiras e hipocresía en bandeja de plata y por supuesto, la alienación de todos nosotros, borregos gregariamente hacia el matadero. Parece que sí, que todo esto sí vale. La verdadera revolución no está en las armas, ni en los votos, como a veces se pudo pensar erróneamente, sino en las conciencias. Cambiar esa inercia es una larguísima tarea. Quizá imposible.

    Escritor
    Juan Carlos Abril