No era esto, no
No era esto, no era esto. Nunca pensé, desde aquellos años 77, que yo pudiera sentir, comprender y escribir, con la mayor tranquilidad del mundo y con la mayor indignación esa repetida frase con la que comienzo estos pensamientos.
Tanto es así que, sinceramente preocupado por si el error había anidado en la memoria de lo vivido y carcomido con la ayuda del tiempo aquella realidad de mi mente, he tenido que acudir al libro de “Apuntes Parlamentarios” de Víctor Márquez Reviriego. Poco a poco, día a día, leo, leo y comprendo la altura y la calidad de la semilla usada y ello me hace admitir mi rechazo a la situación a la que han y siguen conduciendo al país. Esto no tiene nada que ver con lo que, con un trabajo, con una dignidad ejemplar y en unas condiciones inimaginables para estos tiempos, se logró alcanzar e implantar. No, señores míos, no, esto no es política. Esto no es un grupo de gentes que se ofrecen y se eligen para dirigir los destinos de la nación. Esto es lo más parecido a películas de italianas gentes y lo menos similar a una convivencia civilizada y consensuada. No era esto, no era esto. Señores míos ustedes no son nada, no son nadie. Ustedes no quieren comprender que son unas simples personas elegidas por el pueblo para que administren nuestros intereses y velen por el buen rumbo de la nave de país. Que no, que ustedes no tienen ningún poder bajado del cielo, que ese, el de “por la gracia de Dios” ya se fue a donde Dios lo mandara y en función de esto establecimos este sistema que, en gran medida, en peligrosa medida nos atreveríamos a decir están prostituyendo hasta extremos muy peligrosos. Hay muchas maneras de acabar con la democracia y una de ellas es, mediante las urnas, hacerla absolutamente repelente y vomitiva. ¿Y qué nos falta para llegar a este punto? ¿Se puede admitir toda la realidad de lo que se nos está desvelando mientras millones de españoles están en paro y cercanos o viviendo en la pobreza? ¿Qué derecho tienen ustedes, y el que pueda que se salga si es que se puede salir, para conducir los fondos públicos, nuestros, de los ciudadanos, mediante practicas torticeras, hacia sus carteras? ¿Cómo a pesar de ello se libran de las cárceles y además no devuelven lo desviado? ¿Pero esto qué es? ¿Qué montaje es el que hay establecido? ¿Pero es que los españoles no nos hemos dado cuenta todavía que no somos nadie, me refiero a los votantes? ¿Qué nadie habla ni se preocupa de la persona? Y los que nos mandan hacen el papel de jefes de esclavos cumpliendo las órdenes de los mercaderes y tienen la desfachatez de decirnos que es lo que manda Europa. ¿Qué les importa a los parados y toda la gente en crisis, eso de Europa? ¡Vállase Europa a donde la mandaría un buen andaluz! Félix Martínez Cantos es escritor