Niños a la espera de calor familiar

Trescientos noventa y siete menores son tutelados, en la actualidad, por la Administración en Jaén. Cada día, al despertar, no están con sus familias, en la mayoría de los casos por encontrarse en situación de riesgo o desamparo. Pero para darles ese calor de hogar del que carecen, al menos temporalmente, se necesitan casas abiertas.

    27 ago 2012 / 08:07 H.

    Un niño, cuando sufre una situación de maltrato o abandono, tiene que salir de su núcleo familiar hasta que la “tempestad” se calme. Generalmente, su vida pasa a instalarse más o menos tiempo en un centro de acogida para asegurarle, ante todo, esa protección que la sociedad está obligada a dar. Sin embargo, un lugar institucionalizado, por muy adaptado que esté, no se aproxima, ni de lejos, a lo que debería tener un menor, a veces con apenas meses o con más o menos años. Ahí es donde actúa una figura que no es lo suficientemente conocida y que, sin embargo, es más necesaria que nunca: la de las familias de acogida, que aspiran a dar ese calor del que han sido desposeídos.
    “La atención que se da en los centros no es la mejor, porque allí no se puede dar la que se merece cualquier niño. Frente a eso, las familias de acogida proporcionan, esa seguridad y esa protección pero con más intensidad e individualidad”, explica el presidente de la Asociación para la Promoción del Acogimiento Familiar (Apraf), Juan Antonio García Molina.
    Hay varias formas de acogimiento familiar. La simple es temporal —hasta un año— y se prolonga hasta que el niño pueda regresar con su familia o hasta que se tomen medidas definitivas. La de urgencia se dirige a menores desde meses hasta los siete años con el fin de dar una respuesta instantánea al sacar al pequeño de su hogar sin que pase por un centro de acogida. Pero el tipo más importante y por el que Apraf y la Junta solicitan la implicación de más familias es para el acogimiento permanente, que es el que se dirige a mayores de seis años. “Se ha estudiado su familia y queda claro que la situación no mejorará, por lo que se encuentra con que no tiene alternativas y que ha de quedarse en un centro hasta los dieciocho años. Esto es destrozarlo anímicamente”, expresa García, quien recalca: “Es un grandísimo fracaso de la sociedad”. Pero para evitar este maltrato institucional, se busca que haya familias que abran sus puertas a estos niños para que, pese a todo, puedan llegar a sonreír en un hogar sano. “Ahora mismo, por ejemplo, hay más de diez niños entre los seis y los once años que necesitan una familia, que ellos mismos piden tener a alguien que les saque a la calle, que les pregunte por cómo le ha ido a la escuela”, dice.
    Jesús Vicioso Hoyo / Jaén Más información, hoy en la edición impresa de Diario JAEN