Ni blanco, ni negro
En esta correntía de tiempos revueltos en los que en Europa vamos galopando a lomos de la crisis económica y financiera más profunda desde la Gran Depresión de 1929, no podemos volver a caer en los errores pasados. Siendo la austeridad y el control del gasto una cuestión importantísima, no podemos obviar que el control y la austeridad férreas escupen del sistema a cientos de miles de personas que se ven afectadas por despidos o miedos a ser despedidos por aquello de bajar el gasto.
Igual que dos más dos son cuatro, austeridad más control por sí solos restan, a menos que vayan acompañados con medidas de reactivación de la economía. Los que poco sabemos de economía ni de política, sí sabemos que “si menos tengo, menos gasto” y que esto da lugar a una caída del consumo, que a su vez perjudica al sistema. Cuando la obcecación y la inamovilidad de posturas se exhiben como bandera, pasa como cuando el árbol tapa el bosque. Hasta el más ignorante lo ve. Esta gran crisis se está llevando por delante gobiernos sea cual sea su color y composición. Merkel está en el tablero tocada y aún no hundida, pero sus Landers más importantes ya le han dado la espalda; Cámeron perdió en municipales; Sarkozy fue castigado por sus electores; Zapatero ya perdió en las Generales; Arenas no ha podido gobernar en Andalucía; Monti no ha sido elegido por el pueblo; Grecia es una debacle y el sistema financiero una gran estafa. Ahora es el momento de la política con mayúscula, sin cicaterías, basada en la austeridad, la reactivación económica, la imaginación y la decencia.
Ana Barberán es funcionaria