Muchos euros y pocos que los quieran guardar

Muchos euros también representan un auténtico problema. Claro, si son prestados. Las personas que tienen el dinero pueden encontrar peores condiciones financieras, pero siempre es mejor tener que desear.

05 sep 2015 / 10:06 H.

Sin embargo, a las entidades financieras sí que les supone un auténtico problema de liquidez. Más allá de las interpretaciones económicas que se puedan plantear, existe una clara evidencia: los anuncios para captar depósitos han desaparecido.
Decir que los bancos no quieren dinero hasta suena paradójico. Por eso, mejor dejarlo en que no lo buscan. La rebaja de los tipos de interés del Banco Central Europeo persigue, precisamente, mover el dinero que está parado, que es lo que ocurre aquí en Jaén. Por eso, su precio o, lo que es lo mismo, lo que se paga por obtener euros prestados ha caído considerablemente. Popularmente, se ve en el Euribor o en las ofertas de plazo fijo que realizan las entidades financieras que, si se comparan con lo que han dado en años anteriores, parecen hasta ridículas.
Hasta hace meses, se intentaban captar depósitos. Sin embargo, las inversiones en deuda soberana —las más seguras— ya no rentan lo que antes y la solicitud de créditos, pese a que llegan a las entidades financieras, son mucho menores. Además, encontrar un cliente solvente resulta mucho más difícil que antes, ya que existen más posibilidades de perder el empleo, de que la empresa no triunfe o de que surjan circunstancias que compliquen la devolución del préstamo. De ahí que hay más dinero ahorrado y se conceden menos créditos. Si se unen a que tampoco aumentan las inversiones, muchas entidades financieras tienen auténticos problemas de liquidez. De hecho, ya existen servicios que hasta cobran por guardar el dinero, ya que no hay que olvidar que la esencia del depósito no es acumular dinero, sino que consiste en guardárselo a otro.
Por ello, los bancos se centran en sustentar su negocio a través del cobro por servicios o, lo que es lo mismo, por las transferencias, por las libretas, por los cheques, por las tarjetas o, incluso, por el correo que envían a los domicilios. No renuncian al cliente porque sus ingresos ahora dependen más de la cantidad de personas con las que trabajen que, en ocasiones, del volumen de dinero con el que hagan operaciones financieras.