Momentos felices

Atodos aquellos que disfrutan compartiendo ideas y sentimientos por medio de la pluma, no les resulta nada fácil escribir artículos en tiempos de zozobra. A veces tengo la extraña sensación de que lo que expreso en esta tribuna no se ajusta a lo que realmente me preocupa y quiero transmitir.

    01 ago 2013 / 15:24 H.

     De natural soy mucho más hedonista que grave pensador. A lo largo de la vida siempre hay momentos o lugares en los que el ser humano siente que es posible disfrutar, y es hermoso que así suceda sobre todo para que encuentre la paz y tenga el ánimo para gozarlos y llevarlos dentro de sí. Cuando esto ocurre, algo en nuestro interior nos dice que estamos dentro de ese entorno mágico en el que queremos permanecer sin que nada ni nadie nos perturbe, sin que nuestro propio yo, nuestro pensamiento nos disturbe intentando encontrar las palabras que puedan expresar aquello que sentimos, palabras que muchas veces no encontramos. En esos momentos de felicidad, lo mejor que puede suceder es que nos falten las palabras y todo se grabe en forma de imágenes intangibles que luego podremos traer a nuestra memoria para volver a vivir en el recuerdo con una dulce nostalgia. El mar en calma es uno de esos lugares propiciatorios en el que muchos encuentran ese impulso vital que desencadena sentimientos evocadores que devienen en momentos felices. Desde su orilla al atardecer de un hermoso día de verano, cuando el aire cargado de sol se hace vaporoso y flota sobre las aguas difuminando el horizonte y sombreando la quebrada línea de la costa, se escucha el pulso de la vida que transcurre plácida acompañando en su armonía al más profundo azul que se torna plateado allá donde alcanza el suave contorno del cielo, ese cielo atrapado entre el mar y la tierra que oscurece siguiendo la estela del sol que ya se ha ocultado a nuestros ojos. Todo es suave, todo es puro cuando llega el crepúsculo. Es tiempo de reflexión, momento idóneo para acumular recuerdos e imágenes de futuro para luego soñar. Los sueños son reparadores y parte muy importante de la vida personal y colectiva. Hay de aquellos que no son capaces de soñar. En estos tiempos de tribulación es necesario elevar el espíritu, encontrar el optimismo para mantener la esperanza y soñar en que es posible cambiar la situación y conseguir una sociedad más justa, en la que todos puedan encontrar el camino hacia un futuro mejor, un futuro que nos espera y está a nuestro alcance.
    Paco Casas es escritor