Metafórico Rajoy
Aunque todo el mundo sabe, más o menos, lo que es una metáfora, recordemos una entrada del DRAE: “Tropo que consiste en trasladar el sentido recto de las voces a otro figurado, en virtud de una comparación tácita; por ejemplo, Las perlas del rocío. La primavera de la vida. Refrenar las pasiones”. El lenguaje de uso diario se construye sobre un sistema metafórico muy variado, de tal manera que sin saberlo estamos constantemente hablando de cosas sin nombrarlas, utilizando términos que nada tienen que ver, en principio, con la cosa en sí.
Esto quiere decir que cuando hablamos de algo estamos hablando de otra cosa. Mediante la metáfora hemos elaborado un mundo figurado. Los políticos aprovechan la implantación cultural de la metáfora para ocultar la realidad con imágenes simples alojadas en el inconsciente colectivo. Pero, ¿qué es la realidad? George Lakoff en un ensayo rápido de 1991, a propósito de la Guerra del Golfo, “La metáfora en política”, lo aclara: “El sufrimiento, las mutilaciones, la muerte, el hambre, y la muerte y el dolor no es metafórico”. Nuestros políticos son doblemente metafóricos en sí mismos. Primero, porque representan el término figurado trasladado desde la ciudadanía. En segundo lugar, porque siempre se refieren a circunstancias que no designan al problema en cuestión. En este sentido, Rajoy es una metáfora andante. Le ha cogido el truco a esquivar con alegorías una realidad que lo tiene aplastado. Lo que molesta es el uso tan simple de metáforas tan manoseadas, porque indica el grado de menosprecio intelectual que nos dedica. Veamos un ejemplo: “España es un barco castigado por una tormenta en alta mar que se mueve mucho”. Si la metáfora da grima, más grimoso es que después intente glosarla a lo San Juan: “Significa que está navegando con mar de fondo y en circunstancias más difíciles de las habituales, pero nada más”. “España no está al borde del precipicio. No es un camino de rosas, pero tampoco las vísperas del Apocalipsis” “Aseguro que los sacrificios no serán en vano”. Todo ello patético, en sentido literal del término “patético” y por los términos utilizados: “castigado”, “tormenta en alta mar”, “precipicio”, “Apocalipsis”, “castigo”. Y patético estéticamente por la elección de las metáforas. Y todo ¿para qué? Para ocultar que España ya no es España y va a ser entregada a las fauces de la Unión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo; esto es, como una filial del mercado global. Mi metáfora: España es una patera en medio del océano a punto de ser rescatada por un tiburón de tres cabezas.
Guillermo Fernández Rojano es escritor