Mendicidad

No resulta nuevo encontrar en muchos lugares de España a padres que obligan a sus hijos menores de edad y discapacitados a ejercer solos —o acompañados— la mendicidad en la calle y en comercios.

    14 jul 2015 / 01:17 H.

    También, cada vez son más los emigrantes que huyen de la violencia y miseria de sus países y son obligados a ejercer en nuestro país la mendicidad, la prostitución, etcétera. En otros casos, se trata de personas que el dinero recogido, en vez de utilizarlo para vivir un poco mejor, lo utilizan para su propia destrucción y el sufrimiento de sus familias, comprando alcohol o drogas. Hay otras personas tan “listas y espabiladas”, que no sólo se dedican a pedir en la calle, visitan casas particulares, instituciones benéficas y piden todo tipo de ayudas públicas y privadas. Por último, hay otro grupo de personas, los llamados “pobres recientes”, a los que les resulta costoso y difícil acudir en busca de ayuda. Pienso que es conveniente implantar medidas que puedan reducir la mendicidad; evitar actos delictivos; enfermedades derivadas del alcohol y la drogadicción; abusos por los que unos pocos, reciben mucho, y otros muchos, no reciben nada. Son muchas las opciones a estudiar: Una mejor coordinación y colaboración entre los servicios públicos y privados y una mayor vigilancia policial, etcétera.