Más poesía y menos corrupción

Encontrar lugares, personas, paisajes e incluso momentos vividos que generen sentimientos bellos y adecuados para ser plasmados en imágenes idealizadas por medio de la palabra de la manera más hermosa posible para que puedan ser compartidas, recreadas y saboreadas por los lectores es el ideal de todo aquel que tiene la afición de escribir.

    06 dic 2012 / 20:00 H.

    Tener la capacidad y la oportunidad de expresarlas en un medio de comunicación es una experiencia única que no a todo el mundo le es concedido. Valga este breve preámbulo como desagravio a todos aquellos que esperan encontrar algo de poesía entre las líneas que este escrito contiene. Mi intención sería hablar de continuo sobre esos hallazgos que hacen fugaces las sombras, agradable el trabajo, breves los días y luminosa la vida entera. Pero vivimos en una sociedad convulsa, y para que algún día se pueda hacer realidad esa buena intención, es imprescindible luchar de forma pacífica, usando la palabra para exponer a la opinión pública aquellos problemas que tienen una especial gravedad. Así que una vez más hay que ponerse a la tediosa faena y decir alto y claro que hoy tampoco toca hablar de cosas bellas, sino que resulta imprescindible dar un toque de atención y escribir sobre la corrupción que se extiende como una mancha de aceite por el tejido institucional a todos los niveles. Por desgracia los políticos y su forma de actuar son uno de los principales problemas que preocupan hoy en día a toda la sociedad, según se desprende de las encuestas. Esas frases fatalistas y despectivas que se repiten una y otra vez en todos los foros, tales como “todos los políticos son iguales’” o “entre ellos se ladran pero no se muerden porque todos tienen trapos sucios que ocultar”, son muy dolorosas de escuchar para aquellos ciudadanos que creen en la democracia y todavía confían en la justicia, pero que cada vez están más desmoralizados y pesimistas. Desde esta tribuna invito a todos los partidos políticos sin excepción, en primer lugar a seguir el ejemplo de aquellos que han reconocido el error y han dicho: “Nos hemos equivocado” ese es un paso en la dirección correcta, en segundo lugar a despojarse de privilegios jurisdiccionales y dejar trabajar sin traba alguna a la justicia para que sancione de forma ejemplar a aquellos que son responsables de esa corrupción que tanto daño está haciendo al estado del bienestar y a la moral colectiva, y por último a depurar y regenerar sus estructuras y dirigentes de tal modo que el pueblo pueda volver a confiar en la clase política. Esta es una tarea urgente e imprescindible porque está en juego la democracia y el futuro de este país en el que queremos trabajar, progresar y vivir en paz. Quizás entonces podamos volver a escribir de temas menos vidriosos, más bellos, con más poesía.

    Paco Casas es escritor