Mas, el barón Dandy

El nacionalismo excluyente, como un perfume cargante y barato, impregna toda la campaña electoral catalana. En ese ambiente enrarecido, el líder de CiU, Artur Mas —“el señor Mal” en “lapsus tarantiniano” de la adusta Cospedal— es el barón, pero Dandy. Es cargante, empalagoso y si no nos lo tapara el púlpito comprobaríamos que levita.
Este narciso en su papel de mesías aguarda a separar fronteras como aguas. La pérfida España—con sus múltiples defectos que disecciona por comunidades según el día, aunque Andalucía le pone mucho— es el causante de sus males y en ese muro constante de lamentaciones espera ganar por goleada. Además no quiere una victoria, que ya le auguran las encuestas, sino arrasar para dictar a continuación los mandamientos a la nación catalana. Soy yo o el caos. Uff. Queda por ver si a esta aventura del indiana del Penedés le acompañan sus votantes. Mas, como los pokemon, ha evolucionado y ha pasado de ser un “nacionalista tolerante” e integrado en España a un independentista militante. Nada que objetar. Lo cansino y, en ocasiones, insultante es que en el viaje se acuerde de nuestra familia. El rédito a corto plazo está claro. Mientras en otras comunidades los dirigentes esquivan manifestaciones contra los recortes, él, es un decir, las convoca contra una España que le obliga a recortar. Subido a la ola independentista, queda por ver hasta dónde está dispuesto a navegar. Le interesa mantener la llama independentista viva porque, de lo contrario, se puede quemar él. Sus votantes tendrán que calibrar su deriva, hasta el momento apoyaron su gestión y ahora les ofrece un salto sin red. Al margen de cualquier aspecto legal, económico o afectivo si se quiere, Mas se tiene que preguntar qué haría después de esa supuesta conquista. El nacionalismo, como mal enfermizo, de tanto mirarse el ombligo acaba por encontrar pelusilla y, el día después, cuando acabe la fiesta, sus miserias, solo serán eso, sus miserias. ¿Y a quién culpamos ahora de nuestros males? Tweets por @JMSerranoAlba