Mareando la perdiz

Demostrada la debilidad de reformistas democristianos y socialdemócratas para defender los intereses de los ciudadanos frente a las grandes corporaciones bancarias y financieras, su ocupación ha quedado reducida a marear a la perdiz.

    21 mar 2012 / 12:22 H.

    Ambas posiciones, que postulan un reformismo cuya finalidad última es garantizar el progreso y el bienestar del sistema, se unen en un atascamiento moderado. Como sus objetivos y metodología están diseñados desde los oligopolios neoliberales, tipo Arthur Gallagher, Repsol o Barclays, el resultado es todo lo contrario de lo que dice la letra: estimular en el ciudadano el deseo de justicia social, progreso económico y profundización de la democracia por medio de consensos, diálogos y economía mixta para lograr que el consenso en las reformas económicas (léase recortes) debilite aún más la democracia. O sea, marear a la perdiz. Por una parte el PP justifica el copago en Cataluña, donde, según Duran, es imposible evitarlo, pero Rajoy asegura que “no se ha tratado en el consejo de ministros”, aunque defiende que pagar una tasa por receta mejoraría la calidad de la sanidad, pero “no se puede rebasar la línea roja”. “Si me preguntan mi opinión personal, yo no soy partidario del copago en la sanidad”, dijo. No nos maree, oiga, no nos interesa su opinión personal, sino sus decisiones como presidente, porque estamos acostumbrados a los sacrificios que tiene usted que hacer para que el país mejore a expensas de los intereses particulares. Arenas, con su reformismo cristiano inspirado en La Pepa, se baña con la bandera puesta: hay que mejorar la sanidad andaluza, pero el problema no es el copago, sino el “impago”. Indisposición malabar. Dentro del PSOE, Leire Pajín, explicó en 2010, en el Foro Nueva Economía, que el copago sanitario serviría para garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud. Trinidad Jiménez, en mayo de 2011, declaró que cuando ella era ministra del ramo, el copago estaba encima de la mesa, aunque “tenía dudas lo suficientemente amplias” para establecer el copago de los servicios sanitarios. Carlos Ocaña, ex secretario de Estado de Hacienda, en mayo de 2010, afirmó que “el copago es posible ahora”. Jáuregui, ex ministro de Presidencia, se lamentaba de la cultura del “gratis total”. El ministro de Felipe González, García Vargas, declaró que el copago “es algo educativo y bueno para todos los ciudadanos”. Y Marina Geli, ex consejera de Salud en Cataluña, ya propuso en 2004 el copago de un euro por visita. Si según los últimos datos de Eurostat, la sanidad pública española es de las más baratas, de las más eficaces y con el gasto más contenido de Europa occidental, ¿a qué juega esta gente? Guillermo Fernández Rojano es escritor