Manuel Ruiz Amezcua: “Es el lado humano de la vida el que me interesa”
—“Manuel Ruiz Amezcua ha ido a su aire. Y en esa soledad ha inventado un mundo poético que es exclusivamente suyo, sin músicas prestadas”. Así lo define Antonio Muñoz Molina en el prólogo de su nuevo libro, “Del lado de la vida”. ¿Cómo se definiría usted?
—Las autodefiniciones no dan para mucho, suelen estar condenadas al fracaso. A lo más que se puede llegar en esos dominios es a la autobiografía, y hay que moverse con mucho tino en ese género literario. Mejor que te definan los demás. O que te definan tus obras. Cuanto más duren estas, más durarás tú. Ya lo dijo Dalí: ‘Que hablen de ti, aunque sea bien’.
—Las autodefiniciones no dan para mucho, suelen estar condenadas al fracaso. A lo más que se puede llegar en esos dominios es a la autobiografía, y hay que moverse con mucho tino en ese género literario. Mejor que te definan los demás. O que te definan tus obras. Cuanto más duren estas, más durarás tú. Ya lo dijo Dalí: ‘Que hablen de ti, aunque sea bien’.
—Cuarenta años de poesía reunidos. ¿Qué siente cuando “acaricia” esas páginas?
—Pues no siento una cosa, sino muchas a la vez. La primera sensación es la del trabajo cumplido, además hecho con gusto, con el placer que da el haber dejado por escrito todas las preguntas que le has hecho a la vida desde que tienes uso de razón. Un armario lleno de preguntas y con muy pocas respuestas. Un armario lleno de sombra, ha dicho por ahí alguien refiriéndose a nuestra vida. Creo que el poeta Antonio Gamoneda. Pero también hay mucho amor en ese libro. Por los que amamos, por los que nos amaron y hasta por los animales. Están todas las cosas y todos los que me han acompañado en la vida. Cuarenta años dan para mucho. A veces, para una cosa y para su contraria.
—¿Su poesía es una forma de rebelarse contra cualquier modalidad de sumisión?
—Creo que ese es uno de los temas centrales de mi poesía. La rebelión ante las muchas injusticias de la vida.
—De maestro a maestros. ¿Qué debe a Antonio Machado, Bécquer o Cervantes?
—Las muchísimas cosas que todos debemos a los grandes: la belleza, la grandeza, la admiración, también la sabiduría al guiarnos por los abismos humanos. Y muchas horas de felicidad leyéndolos. ¡Enseñan tantas cosas! Ellos sí son maestros, me declaro su discípulo. De por vida.
—Mención especial merece la influencia del poeta Miguel Hernández en su obra literaria. Incluso le ha dedicado el poema “Espejo ciego”.
—Más que una influencia literaria (lo dice Muñoz Molina en el prólogo), es moral. Yo no vengo de la burguesía, sino del campo, de los que trabajaban la tierra y pastoreaban ganado, de los de abajo. Y mi actitud moral ante el mundo viene de ahí, aunque luego haya sido modelada por otro tipo de culturas. Lo explica también Muñoz Molina: “Los tres venimos del mismo sitio. Y no lo negamos, ni nos negamos”.
—La muerte, el amor, la verdad o el silencio son algunos de los temas de sus obras. ¿Se considera un poeta interesado por el lado más humano de la vida?
—El lado más humano de la vida es el que más me ha interesado siempre. Y lo sigue haciendo. El que no me ha interesado, ni lo hace, es el lado inhumano. Contra este va mi lucha.