Manuel Herrador se jubila como el funcionario más antiguo del Ayuntamiento
Nuria López Priego /Jaén
El niño que entró a trabajar como 'pinche de fontaneros' en el Ayuntamiento, cuando apenas tenía 13 años, se despidió, el martes, de la 'casa' en la que prestó servicio durante 56 años. Manuel Herrador se corta la coleta con el título de haber sido el funcionario más antiguo no solo de la Administración local de Jaén, sino de Andalucía.
Nuria López Priego /JaénEl niño que entró a trabajar como 'pinche de fontaneros' en el Ayuntamiento, cuando apenas tenía 13 años, se despidió, el martes, de la 'casa' en la que prestó servicio durante 56 años. Manuel Herrador se corta la coleta con el título de haber sido el funcionario más antiguo no solo de la Administración local de Jaén, sino de Andalucía.
Por la frente curtida de Manuel Herrador cruzan las arrugas de 69 años, de una infancia de dificultades que lo obligó a trabajar cuando no tenía edad y de la evolución que han vivido la sociedad jiennense y ese otro mundo que se reproduce entre las paredes del edificio de la Plaza de Santa María, el Ayuntamiento. Entró en él cuando apenas tenía 13 años y salió el martes, después de 56, con la emoción encajada en el gaznate. Nacido en Los Villares y criado en un cortijo que estaba “un poco más arriba” de este municipio del área metropolitana de la capital, recuerda que guardaba animales —cabras y cerdos— y que le gustaba la tarea cuando su padre se enteró de que en el Ayuntamiento de Jaén buscaban “pinches” y, viendo que “el campo no era porvenir”, enroló al menor de sus cinco hijos en el barco de la Administración local. “Empecé llevándole las herramientas a los fontaneros”, apunta.
Entonces, los horarios eran de ocho de la mañana a una de la tarde y de tres a siete y ganaba 35 pesetas cada quince días. “El sueldo era lo justo para el pan y el aceite”, explica. Y aún pasarían muchos años, hasta la entrada de la democracia en España, hasta que Manuel Herrador viera una decencia salarial. Cubría el trayecto entre Los Villares y Jaén en bicicleta y comenta divertido por la pelusa del recuerdo: “En verano, no estaba mal porque había luz, pero, en invierno, como no tenía dinamo, le ataba una linterna a la bicicleta”.
A los 16 años, dejó la categoría de pinche para convertirse en peón y pasó a engrosar la lista de los afiliados a la Seguridad Social. Pero su ascenso no acabó ahí. Dos años después, lo hicieron oficial de primera y, mientras hacía la mili, opositó y se aseguró una plaza como funcionario municipal. Después, estaría quince años trabajando de noche. Arreglaba las averías de las infraestructuras públicas. Tenía a tres personas a su cargo y recuerda las visitas rutinarias que el entonces alcalde, Ramón Calatayud, les realizaba. “Siempre nos invitaba a algo”, apostilla.
Dentro de lo que ya se había convertido en costumbre, evoca que, una noche, estaban apremiados porque debían terminar una obra a las seis de la mañana y Herrador se negó a la parada habitual. “Lo primero es Jaén”, respondió. Todos se enfadaron con él, incluido el propio Calatayud. Pero, al día siguiente, el munícipe lo felicitó y resaltó este hecho en el expediente laboral de un trabajador que se cortó la coleta como capataz en Deportes. En este cargo ha tenido desde 18 a 40 subordinados y sostiene que su secreto fue siempre el de “ser compañero más que jefe”. “Llevarse bien con los trabajadores y motivarlos”, añade un hombre al que, ayer, se le hacía raro levantarse a las diez de la mañana después de 56 años de despertadores que sonaban a las siete y que se aleja con un “parece que fue ayer” cuando entró al Ayuntamiento.