Los Vivancos derrochan pasión como bailaores e intérpretes

M. J. Velasco / Jaén
“Como si no hubiera un mañana”. Con esta frase se puede definir la pasión que Los Vivancos emplearon en sus dos pases en el Nuevo Teatro Infanta Leonor de su último espectáculo, titulado simplemente Siete hermanos. Tocaron y bailaron de manera magistral y dejaron al respetable con ganas de más.

    29 mar 2009 / 08:47 H.

    “Señoras y señores, olvídense del mundo exterior porque esta noche Los Vivancos bailarán como si el mañana no existiera”. Así rompió el silencio en la oscuridad del Nuevo Teatro Infanta Leonor una voz grave que anunció la llegada a Jaén de uno de los espectáculos más aplaudidos del flamenco fusión en el panorama internacional. Elías, Josué, Josua, Cristo, Aarón, Israel y Judáh, después de labrarse cada uno una sólida carrera en solitario, unieron esfuerzos en un imparable proyecto común que bautizaron con su apellido. Siete hermanos es el título de su último montaje, en el que la excelencia es la nota dominante.
    Cuando se hizo la luz, cada uno de los artistas apareció sobre las tablas con un instrumento que aprendieron a tocar antes que a leer o escribir en sus manos. Después de una intensa pieza oscura y apasionada, con toques de la Quinta sinfonía de Beethoven, comenzaron con otra de sus especialidades, el baile. Chasquidos de sus dedos antecedieron apasionados zapateados y espectaculares coreografías sincronizadas a la perfección, que llamaban la atención al no ser miméticas, ya que cada uno las interpretaba según su propia manera de dejarse llevar por la música. Durante los diez números de los que constó la actuación, se intercalaron dúos, individuales y colectivos. Cuando alguno de los hermanos no se encontraba en primera línea del escenario, se sumaba a la banda de acompañamiento, entre cuyos miembros brilló con luz propia la cantaora Angélica Leiva, que protagonizó un intenso y profundo solo.
    Hubo espacio para gran variedad de estilos entre los que se incluyeron funky, hip-hop, flamenco, clásico y espectaculares acrobacias. El momento culminante llegó con el último número, cuando los protagonistas, en plena apoteosis, se deshicieron de sus camisas con apasionados gestos que hicieron que sus movimientos lucieran en todo su esplendor. Ayer se vivió una oportunidad única para disfrutar en dos pases de siete grandes artistas que, tanto juntos como separados, encontraron su camino hacia la cumbre. El próximo en contar con su presencia será el teatro Alameda de Málaga.