Los perjudicados en vacaciones
Llega la época estival (aunque lo mismo pasa en Navidad o en Semana Santa), fecha que los niños y niñas están esperando ansiadamente.
Unos, pensando en pasar con sus padres unos maravillosos días en la playa; otros, en la montaña; otros, para irse a un largo viaje; y, en cualquiera de los casos, la mayoría para disfrutar de una época sin tener que madrugar e ir al colegio. Para eso no solo se cierran los colegios, se cierran también los comedores escolares.
Pero para un gran número de ellos será todo lo contrario, serán días en los que no podrán comer, serán días en los los que le faltaran lo más elemental en la vida de cualquier español, una comida digna y equilibrada que llevarse a la boca, por lo que tendrán que estar todo el verano en ayunas forzosas. No me quiero ni imaginar cómo se sentirán esos padres, algunos con dos o tres niños en esas condiciones, cuando cada día al levantarse ven que no tienen ni para darles un vaso de leche, y mucho menos para poder darles una comida que le permita crecer, al menos, con la alimentación asegurada, mientras esos otros que no han tenido esa mala suerte pasan esos mismos días en las playas disfrutando de grandes comilonas, en las terrazas de los bares comiendo y bebiendo.
Por eso, desde aquí quiero hacer un llamamiento a las administraciones de las que cada uno de los comedores escolares dependa, central, autonómica o municipal para que estudien la posibilidad de que esos comedores escolares puedan estar abiertos, con lo que no harán una buena obra, sino que cumplirán con la obligación que los ciudadanos les hemos encomendado. Hay muchas partidas presupuestarias de donde echar mano, o al menos así lo demuestran cuando lo que quieren hacer está relacionado directamente con ellos.
Quiero hacer un llamamiento, también, a la sociedad en general para que presionen a las administraciones, (no olvidemos que están ahí porque nosotros los hemos elegido), no para despertarles la conciencia, sino para exigirles que cumplan con la que debe ser su primera obligación, el bienestar de los ciudadanos, y, muy especialmente, el de los niños.