Los okupas de Castellar tienen diez días para el desalojo de las viviendas
El Ayuntamiento de Castellar se enfrenta a la paradoja de desalojar a unos sintecho, para lo que no tiene una vivienda y que okupan unos inmuebles que no están habitables. Desde finales de 2012, cuatro familias están instaladas en las antiguas residencias de los maestros, lo que comienza a generar tensión social.
El realojo de las cuatro familias que están instaladas, desde finales de 2012, en las antiguas casas de los maestros de Castellar es, como reconoce el Ayuntamiento, actualmente, imposible.
El realojo de las cuatro familias que están instaladas, desde finales de 2012, en las antiguas casas de los maestros de Castellar es, como reconoce el Ayuntamiento, actualmente, imposible.
El alcalde, Gabriel Fajardo, del PP,admite que no hay inmuebles disponibles para ello. “Desde hace treinta años, no se construyen viviendas protegidas”, precisa el máximo responsable municipal. Pero el hecho de que no se les pueda proporcionar un techo, no da pie a estos okupas a mantenerse “sine díe” en sus actuales hogares. Es más, desde ayer, tienen de plazo diez días para salir, hasta el próximo 31 de enero. El regidor lo deja claro: “Las casas no están en condiciones de ser habitadas”. Y la única vía que se plantea para dejar vacíos estos inmuebles es el desalojo, con una orden judicial en mano y, si es preciso, con el auxilio de la Guardia Civil y la Policía Local. Los ocupantes son gitanos, antiguos residentes en el barrio de El Polvorín, un conjunto de edificios que, prácticamente, está en estado ruinoso. Ello empujó a los que se alojaban allí, en cuanto pudieron, a trasladarse a las antiguas casas de los maestros.
La convivencia entre la comunidad calé con el resto de los castellariegos no siempre es fácil. En octubre de 2008, una pelea entre jóvenes desató un estallido social que desembocó en la salida de todos los gitanos del pueblo que no regresaron hasta que, mediante una imponente presencia de la Benemérita, se restableció la seguridad y la calma. Con la llegada de estos “inquilinos” a las antiguas casas de los maestros, junto al colegio Ramón Crespo, se teme que cualquier chispa pueda dar pie a nuevos disturbios.
José Rodríguez Cámara /Jaén
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