Los incendios en España
Los incendios en España me hacen recordar muchas cosas que el insigne escritor Miguel Delibes narra en su obra de 1979, “Un mundo que agoniza”, frases como que el ser humano en nombre del progreso ha vendido la naturaleza e hipotecado su futuro. Hay una cosa clara y de la que debemos tomar nota, los incendios en España han pasado a ser de progresión aritmética a geométrica (en poco menos de 50 años), y muchos de ellos, la mayoría provocados, lo que nos lleva a pensar que si las cosas siguen así, los bosques en España van a pasar a convertirse en pieza de museo.
Ante todo lo anterior, la única manera de afrontar el problema es poner en marcha una solución transversal. En primer lugar, castigando con graves penas a los culpables. Y en segundo lugar, modificando las leyes, para que estas alcancen una mayor dimensión de castigo. Que la propia comunidad educativa sea la que participe en el estudio del conocimiento del medio, con excursiones un día a la semana en la naturaleza, en las que se impartan clases teórico-prácticas, y así sigan con el ejemplo asociaciones, universidades, parlamentarios, presos...
Que los subsidiados parados dediquen un día a la semana de su tiempo a limpiar monte. Que, frente al botellón y el desencanto juvenil, se establezca una ley de prestaciones sociales obligatorias, que aborde por recuperar nuestro patrimonio cultural y forestal, y que todos trabajemos contra el fuego. Que los ayuntamientos y las comunidades autónomas se organicen no con meros discursos, sino actuando con medidas preventivas, en las que colabore toda la sociedad. La ardilla que un día dijo Estrabón que cruzaba la península Ibérica, hoy está asada y bien preocupada.
La solución pasa, por tanto, por una tema de conciencia social, y por que la sociedad entera se comprometa en lugar de perder tantas horas frente a los móviles y la televisión, con el fin de ayudar a la naturaleza, cada uno desde sus posibilidades. La iniciativa legislativa necesaria pasa por un cambio radical, no solo a la hora de combatir los incendios, sino de prevenir y limpiar los montes y bosques. También pasa porque colegios, niños, jóvenes, adultos, personas y colectivos en general apadrinen árboles, bosques, montes o parques, para hacernos responsables de su cuidado. De lo contrario, seguiremos en esta deriva. Basta ya de discursos y de palabras huecas y pasemos a la acción comprometida. Sabiendo que ya nos queda poco tiempo, teniendo en cuenta las decenas de años que los montes tardan en regenerarse. Hace falta, pues, más prevención y más colaboración y coordinación.