Los caballos de los bárbaros

José Luis Sampedro (una de esas personas que, aunque hayan muerto, nunca mueren) decía que “somos naturaleza, y poner el dinero como bien supremo conduce a la barbarie”. Con frases como esta, subrayó muchas veces Sampedro la condición aniquiladora del dinero que crece devastando su entorno, incluidas las personas y la propia naturaleza.

    13 abr 2013 / 09:08 H.

    Como, si después de que el dinero haya ejercido todo su poder, el hombre se transformara en enemigo del hombre y ya solo quedara espacio para desarrollar una vida sin dignidad ni armonía ni justicia, una vida anterior a la civilización.   Es imposible no compartir las palabras de Sampedro en los tiempos que corren, donde lo propiamente humano, la razón, claudica sin cesar ante la ambición. Donde el instinto depredador de los bárbaros impone el erial de la injusticia con el único argumento de la fuerza del dinero.

    No he dejado de pensar en los muchos caminos que transitan los bárbaros mientras esta mañana leía la enmienda a la nueva Ley de Costas, que rebaja la zona de protección del litoral de 100 metros a 20, con lo cual quedan legalizadas todas las edificaciones comprendidas en los 80 metros restantes, al mismo tiempo que se abre la veda para remodelaciones y nuevas construcciones. De momento, se dan por buenas unas 100.000 viviendas construidas en un espacio que es, y debería haber sido siempre, para el uso ciudadano. Se comprende mal esta patente de corso que se concede a los piratas de la costa. Y aún peor a un gobierno que, dejando de lado otras fuentes de riqueza, como la industria o la investigación, acude de nuevo al negocio del ladrillo, con la perversión añadida de privatizar el paisaje, de robarnos el litoral para convertirlo en una cementera privada. Es como si se legitimara que España devore a España, que coma trozos de su propio territorio para “crear riqueza”, según se nos dice, sin aclarar que es una riqueza de pocos y la socialización definitiva de una naturaleza tan degradada que ya no se parece a sí misma sino, más bien, a un inmenso muladar, a los despojos de la comida de los bárbaros tirados junto al mar.

    Esta tendencia a la autofagia como sobrevivencia, que ahora legitima el partido gobernante, se hace aún más rechazable cuando se piensa en cómo es este mismo partido el que se resiste a cambiar la ley de los desahucios, o en que sólo en Andalucía hay un millón de viviendas desocupadas o en el alboroto que están armando con el decreto de la Junta de Andalucía que pretende proteger a personas a las que se expulsa de su casa y, aun así, quedan sometidas a la avariciosa barbarie de los bancos.      

    De modo que, como decía Sampedro, somos naturaleza, aunque habría que añadir que sólo cuando nos dejan serlo, porque el imperio de los bárbaros nos tiene los caminos del país trillados y es sabido que donde pisan los cascos de sus caballos es difícil que vuelva a crecer la hierba.

    Salvador Compán es escritor