15 jun 2014 / 22:00 H.
El dinero no es capaz de medir nada de lo que importa a una persona. No calcula el tacto de la piel, ni el brillo de los ojos. No predice si tienes dolor de corazón o cosquillas en la barriga; no pone la piel de gallina ni te regala sonrisas por la mañana. El dinero no me vende la confianza ni me compra el miedo. No me quita el hipo, no me dice si quien me abraza lo hace con los ojos cerrados, ni me explica el silencio, ni la magia que esconde el color turquesa. Con lo público pasa igual; el dinero tampoco mide casi nada de lo que le importa a una sociedad, porque la felicidad común es más que las cifras. Una calle, una biblioteca, un hospital o un colegio públicos son lugares donde el conocimiento humano manifiesta su máxima expresión en beneficio de cada individuo. Por eso me espanta la perversión deliberadamente monetaria que el gobierno central realiza sobre lo público. El último desprecio consiste en implantar barrios vip en los que se pagarán impuestos adicionales a cambio de recibir servicios públicos extras. Es decir, tendrán más limpieza y vigilancia, o mejor seguridad y trasporte quienes tengan dinero para pagarlo. A mi entender, esta medida reproduce valores contrarios a aquellos que nos hacen florecer como seres humanos: la solidaridad, la equidad, la igualdad, la confianza, la generosidad. Una vuelta de tuerca exquisita a los pinchos antivagabundos, tristemente de moda estos días, y que son una forma de tratar a los indigentes como una plaga de alimañas. Porque es falso que sean medidas que favorezcan los negocios, simplemente agrandan las diferencias entre ricos y pobres. Por eso, lo único capaz de paliar el dolor de estómago que me producen, sería que el empleo de estas zonas se nutriera obligatoriamente de los albergues instalados a tal efecto junto a las tiendas de Dior o Louis Vuitton, con objeto de acoger a inmigrantes, personas en riesgo de exclusión o personas con problemas de drogas a las que se les tenga que dispensar metadona. A mis ojos, desde luego, sería la única forma de que estas calles Premium valieran su peso en oro.