Lo que no tiene precio
Pensaba escribir de tanta tomadura de pelo por parte de políticos y no políticos que tienen algo en común: aprovecharse de los demás en beneficio propio, sin escrúpulos, saltándose la ley y con la cara más dura que el cemento que piden y exigen a los demás lo que ellos mismos no cumplen porque no les interesa, necesitan enriquecerse y encima ponen cara de no haber roto un plato en su vida.
Menuda panda de listos, listillos y sinvergüenzas que protagonizan tantos casos de corrupción, vaya ejemplo para nuestros hijos. Ojalá la Justicia actúe y ponga a cada cual en su sitio. Aunque yo pienso que además se necesitan buenas dosis de educación para evitar tanta mediocridad y superficialidad que tanto daño provocan. Con nuestros votos seguro que tenemos mucho que decir. Así que el resto de este artículo lo quiero dedicar a comentar que hace unos días disfrutaba de un concierto de El Arrebato en el que este cantante decía que las cosas había que valorarlas por lo que valen, no por el precio que le ponemos. Es verdad, cuanto más precio tiene algo más lo valoramos, y nos olvidamos de aquello que, material o no, sin precio, lo tenemos a nuestro alcance y no lo disfrutamos ni saboreamos lo suficiente. Nos quejamos de que no tenemos espacio en las viviendas, que no disfrutamos de unas vacaciones “en condiciones”, nos resignamos por no tener el último móvil del mercado y siempre soñamos con que nos toque la lotería para dejar de trabajar y viajar mucho. Y aunque lo valoramos, poco se nos llena la boca cuando disfrutamos de la familia, los amigos, el trabajo. Creo que tendríamos que saborear más las sonrisas de nuestros hijos, la complicidad de nuestro cónyuge, los amaneceres, los atardeceres, los paseos por la naturaleza, una buena comida con un estupenda compañía, el disfrute de una obra de teatro o una película, así como ser muy receptivos a quienes nos muestras normas o consejos para vivir más felices y educar mejor a nuestros hijos. En fin, que el dinero lo necesitamos para mantenernos, pero para VIVIR es imprescindible disfrutar de lo que no tiene precio.