Las chabolas de la chatarra
Enrique Alonso/Jaén
Las chabolas se multiplican en pleno corazón del casco urbano de Jaén. Hay más de veinte en un solar en la Carretera de Madrid y alrededor de treinta en la Carretera de Granada. Allí se ve uno de los rostros más feroces que tiene la pobreza. Varias decenas de personas malviven cada día.Radu Ionut baja la Carretera de Madrid con un carro de la compra. Lo acompaña una mujer, Radu Dudá, rumbo hacia el Polígono de Los Olivares. En el carrito no hay refrescos, ni embutido, ni pan, ni detergente, ni cualquier otra cosa que se compra en el supermercado. Eso, si hay suerte, llegará después. Durante la mañana y en las primeras horas de la tarde van cargados de chatarra.
Enrique Alonso/JaénLas chabolas se multiplican en pleno corazón del casco urbano de Jaén. Hay más de veinte en un solar en la Carretera de Madrid y alrededor de treinta en la Carretera de Granada. Allí se ve uno de los rostros más feroces que tiene la pobreza. Varias decenas de personas malviven cada día.Radu Ionut baja la Carretera de Madrid con un carro de la compra. Lo acompaña una mujer, Radu Dudá, rumbo hacia el Polígono de Los Olivares. En el carrito no hay refrescos, ni embutido, ni pan, ni detergente, ni cualquier otra cosa que se compra en el supermercado. Eso, si hay suerte, llegará después. Durante la mañana y en las primeras horas de la tarde van cargados de chatarra.
Si es hasta arriba, mejor.No es el mejor negocio, pero no tienen otro. "Ganamos unos 10 euros al día, si se da bien", dice Radu Ionut. "Buscamos en los contenedores de la basura para ver si hay algo que nos puedan comprar", continúa. La mujer escucha. Los dos entienden a duras penas el español. Cuando lo intentan hablar, aún peor. Llevan algo más de un mes en Jaén. Explican que tienen dos hijos en Rumanía y que buscan chatarra para sobrevivir. No hay otra cosa que les reporte algunos ingresos. Si encuentran metales, comen. En cambio, si se da mal el día, toca tirar de los ingresos del día anterior o, directamente, ayunar. A veces, hallan a un familiar o amigo que le echa una mano si tuvo más suerte que ellos. Los dos viven en un asentamiento chabolista que existe en plena Carretera de Madrid. Está en un solar que hay al lado de las estaciones de servicio. Se entra por un agujero en la tela metálica.