Ladrones sin temor de Dios
José Rodríguez Cámara/Jaén
La Vicaría General advierte a los sacerdotes de la Diócesis jiennense de que sean más cautelosos con los objetos de valor que se guardan en sus templos. A la Iglesia se le ha metido el miedo en el cuerpo a raíz de la oleada de robos en templos que se registran en la provincia, algo sin parangón.
La Vicaría General advierte a los sacerdotes de la Diócesis jiennense de que sean más cautelosos con los objetos de valor que se guardan en sus templos. A la Iglesia se le ha metido el miedo en el cuerpo a raíz de la oleada de robos en templos que se registran en la provincia, algo sin parangón.
Si fuera una leyenda, al autor de un robo en un lugar sacro enloquecería o, sin posibilidad de pasar por el purgatorio, recalaría en el más cruel infierno para que Lucifer lo fastidiara por siempre jamás. Pero, a falta de soluciones divinas, a los ladrones que, desde hace semanas, cometen robos en las parroquias de la provincia, si los “cazan” las Fuerzas del Orden, tendrá que condenarlos la Justicia. El vicario de Comunicación del Obispado jiennense, Antonio Garrido, reconoce que la Iglesia jiennense está preocupada por el rosario de asaltos a templos que comenzó en la Sierra Sur y que, por el momento, termina con la sustracción de joyas de cuatro imágenes de la Virgen, el robo del dinero del lampadario y los daños en la portada de La Inmaculada de Huelma. Ante ello, poco más se puede hacer, reconoce el sacerdote, que pedir a los curas que tengan cuidado al cerrar y que hagan inventario de los objetos de valor que hay bajo los sagrados techos, tanto los pertenecientes al clero como los que sean propiedad de las hermandades locales. Ello facilita que, en caso de que la Guardia Civil o la Policía localice lo sustraído, la recuperación sea más sencilla.
Lo ocurrido estos días en Jaén es singular en Andalucía, como precisan desde el Obispado, de hecho, solo se puede comparar con lo que pasa en los despoblados pueblos de Castilla-León, aunque, en este caso, dice Garrido, los malhechores, pretenden vender el botín a anticuarios. Los robos en la provincia tienen la firma de ladrones de poco monta que quieren vender rápido lo sustraído y hacerse con todo el dinero en efectivo que puedan encontrar. Por eso, es habitual que roben lampadarios o cepillos. Si deciden entregarse, dice el vicario, ya no serán excomulgados como hace años. Los tiempos cambian y el castigo se le reserva a la Justicia ordinaria.