La vida en un hogar derrumbado
Sin trabajo, con una hija a su cargo y con la parte trasera de su vivienda destrozada, José Bueno Ortega vive un calvario. Tras la negativa de su compañía de seguros de asumir el coste de la retirada de los escombros, el dueño del número 10 de Manuel Ruiz Córdoba solo ve un camino: demandar a la empresa. 'Nadie me dice qué pasará. Hay peligro real de que mi casa entera se caiga. Pero aquí no viene ni Dios. Estamos solos'.
José Bueno pasa por uno de los momentos más complicados de su vida. Su pesadilla empezó el pasado 23 de marzo. Eran las cinco menos cuarto de la tarde. Estaba tranquilo en su casa cuando sintió un ruido: el patio trasero del inmueble se vino abajo. El derrumbe, que no afectó al interior de la vivienda, creció más tarde: la terraza se cayó un día después. Y, pese a que no hubo daños humanos que lamentar, lo peor estaba por venir: la sensación de desamparo. “Pasan las semanas y nadie me garantiza seguridad. Ni siquiera una cuadrilla de albañiles ha venido a poner un poco de orden. Los escombros siguen en el mismo sitio”, lamenta.
La compañía de seguros de Bueno le mandó, recientemente, un fax para comunicarle que no correría con los gastos de limpiar los destrozos. “Me dicen que tenían que haber caído cuarenta litros por metro cuadrado y hora para que el percance fuese de su competencia”, agrega. Y lo tiene bastante claro: demandará a la empresa esta misma semana. “No veo otra solución. Lo estoy pasando fatal. Incluso ha entrado gente a mi casa —por el patio— a robarme”, denuncia. Bueno ve cómo hay dos rajas nuevas en un muro de su cuarto de baño, que está próximo a la parte de la vivienda que se vino abajo. “Lo peor es que cedió. Mi hija vive conmigo. Tenemos que ir a ducharnos a la casa de mi hermana. Aquí es imposible”, señala.
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Fran Cano /Jaén