19 may 2014 / 22:00 H.
Conviene no perder la perspectiva, me decía un amigo a la hora de interpretar las gestas deportivas. En estos días en que tanto se celebra el triunfo de la humildad, del trabajo y esfuerzo diario con el ejemplo del Atlético de Madrid y su Liga conseguida ante los grandes, hay que recordar que no solo los primeros, que reciben los lógicos laureles, son el ejemplo a seguir. Detrás de ellos hay también otros triunfos humildes que no acaparan tanta glosa, pero que están ahí para recordarnos la valía del trabajo bien hecho. Cada persona que cuida su trabajo, que sortea las dificultades diarias; cada familia que se levanta cada día para superar las adversidades, son un ejemplo diario de triunfo. Los tenemos cerca, codo con codo, son triunfadores y la mayoría de las veces nunca reconocemos su victoria. El deporte encierra siempre buenas lecciones de vida que se pueden y deben extrapolar a otros ámbitos. En este sentido, debemos recordar a los más jóvenes, sean deportistas o no, que se puede triunfar en las cosas pequeñas y en las grandes, en las gestas históricas y en los episodios de cada semana. Conviene no perder la perspectiva para reconocer esos triunfos, para celebrar victorias que no tienen titular. Es el triunfo de los humildes y eso siempre estará de moda.