13 oct 2015 / 10:15 H.
La Comisión Europea confirma, finalmente, lo que ya anunció el comisario socialista de Asuntos Económicos y Monetarios la pasada semana y que suscitó el malestar del Gobierno. Existe el riesgo de que España incumpla sus objetivos de reducción de déficit comprometidos para los ejercicios de 2015 y 2016 y por este motivo exige cambios lo “antes posible” en los Presupuestos Generales del Estado de 2016. Bruselas espera que España actualice los datos de las comunidades autónomas y que quede reflejado en la evaluación final. Aunque por un lado dan un claro varapalo, al mismo tiempo o renglón seguido, destacan los esfuerzos realizados por el país en los últimos años para mejorar la competitividad del país y la salud del sector bancario. Aunque seamos, en la actualidad, una de las economías más rápidas en crecimiento, estamos limitados por una altísima tasa de desempleo (más del 20%) o un déficit público cercano al 5% del PIB. Con estos datos y con unas elecciones a la vuelta de la esquina, la Unión Europea parece decir bien han hecho parte del trabajo, les felicitamos, pero aún quedan más sacrificios que por cortesía política dejaremos que los haga el siguiente equipo de Gobierno que salga de las próximas elecciones. Las cifras son tozudas y la crisis permanece por más que se arranquen de las estadísticas buenas cifras. Al nuevo Ejecutivo le tocará y le costará explicar dónde mete la tijera para cuadrar las cuentas con Europa dentro del Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Todo queda en “el aire”, pendiente de resolución. Bruselas da una tregua, mezcla una de cal y otra de arena, pero es por los servicios prestados. A la vuelta de las elecciones rugirá de nuevo la marabunta financiera.