La temeridad de los recortes de personal
'¿Se podría haber evitado la catástrofe provocada por la ira de la naturaleza?', se preguntaba una presentadora de informativos. Primero, la naturaleza no es irascible. Simplemente es. Segundo, la pregunta no admite respuesta. Tercero, lo mismo de siempre. Experiencias múltiples hasta el aburrimiento demuestran que la gestión de las posibilidades de catástrofe se confía a la suerte como aliada de la negligencia, con lo cual se justifica la mezquindad de las inversiones en prevención contra 'la ira de la naturaleza'.
Inversiones que van a parar a empresas subcontratadas, a gastos de protocolo, dietas y nuevas tecnologías que no sirven de nada. Están locos. De verdad, su locura pertenece a una casta de ineptos cuyo ideario consiste en promocionarse a costa de un lenguaje que neutraliza a la opinión pública y de fotos en actos insípidos, como cortar una cinta, plantar un árbol o colocar la primera piedra con traje y corbata. ¿Se podría haber evitado la catástrofe? Y van y le echan la culpa a la naturaleza, o le endosan a un desalmado una enfermedad mental —la piromanía— para resolver un problema social. El Parque Natural de Cazorla, Segura y las Villas, el más protegido de España y —dentro de él, enclaves de excepcional valor ecológico— no tiene el nivel de protección real necesario. Se trata de zonas de riesgo, bosques con numerosas especies endémicas o en peligro de extinción. Estas maravillas de la irascible naturaleza, únicas en la Península, sirven de propaganda a los políticos encargados de gestionar su conservación. Repito, estas áreas de “alto riesgo” no están suficientemente protegidas, sino a expensas de la mansedumbre de ciudadanos y naturaleza, a la ausencia de la “yihad forestal” —la que anda detrás de los incendios de este verano en Europa, según el servicio de seguridad ruso. Veamos los puntos de vigilancia —vitales para la detección del inicio de un fuego— en la Sierra de Segura (el 68% del Parque). Casetas abiertas las 24 horas: Puntal Ajedrea, Peñalta, El Yelmo y Puntal de la Misa. Cerradas las 24 horas: la Bandera. Abiertas once horas y media: Piedra del Cambrón, Navalperal y La Morra. Lo peor es que algunos de estos puntos, que controlan lugares denominados por la Consejería de Medio Ambiente como de “alto riesgo”, permanecen cerrados durante la noche. Los recortes en personal representan una necia temeridad. Estamos hablando de “Reserva de la Biosfera” (Unesco, 1983). Da igual quién esté al frente de la gestión, pero si no restablecen los puestos y horas de vigilancia eliminados y siguen recortando tanto en vigilancia como en brigadas móviles, la catástrofe está servida. Luego buscarán un chivo expiatorio entre las cenizas.
Guillermo Fernández Rojano es escritor