"La taranta es uno de los palos más difíciles que hay"
Francisco Martínez será el encargado de pregonar el 51 Concurso Nacional de Tarantas. Una cita que se celebrará a las nueve de la noche del próximo jueves,en el teatro Cervantes.
—¿Qué supone para usted pregonar el Concurso de Tarantas?
—Cuando en segunda sesión de la comisión municipal de asesoramiento me lo propusieron, en principio se me caía un poco el mundo encima por aquello de la responsabilidad. Lo pensé fríamente, decidí aceptarlo de buen gusto y espero no defraudar, que sea divertido y llegue al público.
—¿Cómo lo va a estructurar?
—Irá en tres líneas. Una primera dedicada al estudio de la taranta de Linares, la autóctona, la que le da sentido común y viveza al mejor concurso (digo que lo es porque, de España, es de los pocos que guarda su auténtica pureza y se dedica a la taranta de Linares). En la segunda voy a hablar en términos generales de algunos de los taranteros y taranteras, de aquellas personas, incluidos los mineros anónimos, que hicieron posible que esta taranta hoy en día se conozca como uno de los palos más difíciles. Para terminar, hablaré sobre el concurso, lo que tiene de positivo y lo que probablemente le pueda faltar. Hay otros que sin tener esta categoría se reparten una cantidad importante de dinero en cuanto a sus premios, y obviamente los profesionales o los que se dedican exclusivamente a los certámenes acuden a ellos con más fijeza
—¿Cuánto tiempo le ha llevado?
—Llevo dos meses y medio prácticamente. He mirado en la inmensa mayoría, por no decir en todos, los foros de internet, en otros a título personal, y por supuesto intercambiando y solicitando información de aquellas personas de Linares que me han dado datos muy valiosos y a los que le tengo mucho aprecio.
—¿De dónde le viene su afición por el flamenco?
—Aunque nací en Sabiote, que llevo en mi corazón, siempre me he considerado de Linares. Desde los 4 años hasta los 14 tuve la suerte de convivir en varios de los barrios más enriquecidos por la taranta y el cante. Viví en la calle Ercilla, la confluencia de Tetuán y Bailén; también en el Ejido de San Sebastián, con aquellas ferias de ganado, etnia y parroquia gitanas que tanta pureza le ha dado al cante, y en la calle Quintana. También en un barrio que tenía abajo Cantarranas y San José, y al lado de esas calles tan flamencas como Guillén, Glorieta, Velázquez... rodeadas de tascas. A partir de ahí, mi padre también gran aficionado al flamenco me inculcó desde muy pequeño el sentido de la afición por este cante. He visto 47 de los 51 concursos de tarantas, he pertenecido a diversos foros flamencos y no hay evento que me pierda. En la actualidad estoy en la Peña La Taranta, posiblemente la más señera por el nombre que lleva.