La superioridad moral

Durante muchos años ha existido en España, y más en Andalucía, el mito de la superioridad moral de la izquierda, quizá con motivo de la cruel 'guerra civil española', de las barbaridades ocurridas en la postguerra y el sufrimiento de tantas personas represaliadas.

    06 feb 2012 / 09:56 H.

    El análisis de gran parte de la izquierda ha sido: la derecha se ha perpetuado en el poder durante cuarenta años de dictadura militar, en los que ha estado muy cómoda; la dictadura militar, más que militar, ha sido de la derecha falangista, de la derecha “opusina” y “tecnocrática”, e incluso de la derecha liberal. Por eso en Andalucía nunca ha triunfado, y han hecho falta 35 años para que por primera vez se pueda hablar de posibilidades serias de una victoria del Partido Popular en Andalucía. Para estos analistas, la connivencia de la derecha con las injusticias de un sistema político no democrático hizo que el pueblo andaluz haya temido a esa derecha, y no haya olvidado ni perdonado. Andalucía nunca en el periodo democrático votó mayoritariamente al centro ni a la derecha. La izquierda siempre fue aquí superior en las urnas: partía de una superioridad moral ganada con el dolor y con la no participación política en decenios. Según mi criterio este análisis ya no es válido. A los treinta y muchos años de dictadura militar se les está acabando el saldo, ya casi llevamos treinta y cinco años de elecciones libres y democráticas. En España ya ha habido varias oportunidades de conocer por sus hechos a los partidos democráticos del centro, la izquierda y la derecha. Ha llegado el momento de la igualdad, de derribar los prejuicios y de que comprobemos por nosotros mismos que los seres humanos somos iguales en lo esencial. Que la superioridad moral no la tiene la izquierda ni la derecha, la tienen las personas individualmente. Hay un sector de la izquierda que ha tratado —y trata hoy todavía— de justificar o tapar todo tipo de conductas inmorales cometidas en su seno, por el hecho de “ser de los nuestros”. Ello al amparo de que la derecha siempre hizo lo mismo en aquellos lejanos años: sectarismo, colocaciones, enchufismo, comisiones, etcétera. No se dan cuenta estas personas de que se están comportando como los nacionalistas a los que más odian, se envuelven en la bandera: “Es de los nuestros”. ¿Acaso lo de los EREs fraudulentos y lo de las comisiones de los EREs no va más allá de lo que ninguna persona progresista jamás hubiera imaginado? La democracia es un bien superior a las ideologías. Y vamos a ser realistas: sin alternancia no hay democracia, nos creemos que “El Cortijo” es nuestro.
    Francisco León Valenzuela es abogado