La Paca.-Una veintena de años con el claro concepto de reinventarse o morir
Elios Mendieta Rodríguez / Jaén
En tiempos difíciles toca liarse la manta a la cabeza y ponerse el mundo por montera. Esta castiza expresión cobra más fuerza en la actualidad si se analiza la situación económica que la cultura atraviesa, y el teatro, por supuesto, no se libra de ella. Es sabido que en época de crisis es el momento de agudizar la imaginación y el ingenio, dos elementos que forman un cóctel delicioso del que se embriaga el arte dramático.
Elios Mendieta Rodríguez / JaénEn tiempos difíciles toca liarse la manta a la cabeza y ponerse el mundo por montera. Esta castiza expresión cobra más fuerza en la actualidad si se analiza la situación económica que la cultura atraviesa, y el teatro, por supuesto, no se libra de ella. Es sabido que en época de crisis es el momento de agudizar la imaginación y el ingenio, dos elementos que forman un cóctel delicioso del que se embriaga el arte dramático.
Esta mezcla la tienen clara, desde hace mucho tiempo, los miembros de La Paca, una compañía teatral que, con Mari Carmen Gámez y Tomás Afán a la cabeza, se afana en seguir dando lo mejor de sí a base de esa máxima vital que supone renovarse o morir.
La compañía empezó su andadura sobre los escenarios en los tumultuosos años 80, una década en la que parecía florecer el talento, y en la que, de la mano de Juanma Titos, La Paca dio a luz como un proyecto artístico cargado de ilusión. No tardarían en entrar en escena —nunca mejor dicho—, Afán y Gámez, y en el año 1992 se profesionalizaría la compañía. “Somos codirectores desde el año 92. Dejamos todo lo que teníamos entre manos y nos dedicamos a La Paca en cuerpo y alma”, asegura Gámez. Ella y Afán se complementan tan bien en el aspecto laboral como en la misma vida —ya que son pareja—, y se reparten las labores: “Tomás se centra más en la parte creativa, en el concepto del espectáculo, mientras que yo me encargo de la producción, dirección y, sobre todo, de la parte organizativa”, apostilla Gámez.
Pero, ¿cúal es el secreto para subsistir más de 20 años? Gámez lo tiene claro. “Hay que buscar nuevas fórmulas. Tienes que mantenerte vivo en el teatro, hay que evolucionar, pensar maneras de que la gente vaya al teatro”, explica. Una de las manos que mece la cuna del éxito en La Paca son los centros escolares. Programas como “Acércate al teatro” o “El Circuito Provincial de Teatro Escolar” suponen una retroalimentación constante, pues los miembros de la compañía actúan y obtienen un beneficio y, a la par, el público disfruta de una obra con la que acaba satisfecho. Es, precisamente, el mínimo aporte en taquilla que se consigue en estos espectáculos lo que provoca que, hoy en día, La Paca continúe con vida, ya que el dinero que se consigue de las instituciones no es todo el deseado. “Subsistimos como podemos”, resume Gámez ante la situación económica. “Sin la colaboración de los coles, estaríamos perdidos”, concluye.
Por su parte, Afán opina que hay una característica que define al ambiente teatral en la provincia: el voluntarismo. “Se necesita de una buena dosis de esfuerzo y ganas para aguantar el chaparrón, y de una buena tenacidad ante los reveses. La constancia es vital”, dice. Otro aspecto positivo de La Paca es su capacidad para saber tener los pies en el suelo. La codicia no es una cualidad de ninguno de sus miembros. Si lo es el compañerismo. “Nuestro objetivo, en estos tiempos que corren, no es otro que el de mantener los puestos de trabajo”, dice. Así, queda claro que en La Paca no está reñido el factor humano y el laboral.
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