La novela que nos contamos

Tenía razón Ciro Alegría cuando escribió que el mundo es ancho y ajeno, y no sólo porque sea de los poderosos sino porque consumimos la vida para intentar abarcarlo, para apropiárnoslo arrancándole zonas de sentido. La cara de las personas que, según  Ovidio, estaba hecha para reflejar las estrellas, en realidad, lo que refleja es la cara de otras personas que se buscan para comprender y comprenderse. Esta idea de la vida como un viaje hacia el conocimiento es la que está en la base no sólo de la ciencia sino de la literatura cuando ésta merece ese nombre. De eso hablan los libros que se nos quedan en la memoria, de echar una ojeada por el fondo de los seres y de las cosas para acercar la lupa de las palabras y observar el fluir de la vida en su interior.

    27 abr 2013 / 09:19 H.


    En el discurso de Caballero Bonald, con motivo de la recepción del Premio Cervantes, se habla de la poesía como un semillero de pensamiento crítico que se ha levantado a lo largo de la historia contra la injusticia y el dolor. O como un camino hacia la utopía, “una esperanza consecutivamente aplazada”. Y es verdad que la literatura tiene esa fibra -ese filo- social que quiso poner de manifiesto el poeta en su discurso. Sin embargo, el propio Caballero sabe que hay mucho más en la literatura: un afán de penetrar en la entraña de la realidad, llegar no más lejos -decía JR Jiménez- sino más hondo. Intentar acercarnos a ese mecanismo multiforme, vasto, complicado y siempre extraño al que llamamos vida.

    No me parece que las personas busquemos a diario algo distinto a lo que busca la literatura, sólo que con medios más pobres, con palabras más espontáneas y menos eficaces. Por eso, charlamos sin cesar con nuestros allegados. Por eso, nos contamos qué hicimos o qué haremos y nos interrogamos a diario sobre el porqué de conductas y sucesos. Es como si cada uno de nosotros escribiera una novela que nunca acaba, que siempre se está haciendo y que, aunque tenga finales de capítulos, nunca llega al desenlace. Sin embargo, se trata más bien de que nuestras conversaciones tejen un relato colectivo, hecho con las correcciones, con los consejos y las advertencias, con las apostillas y glosas de nuestros interlocutores, hecho también con nuestras aportaciones a la novela que ellos escriben día a día y que se suma a la memoria de quienes nos precedieron. Toda una herencia de palabras impresas en el mismo aire donde hoy escribimos nuestra perplejidad ante el presente.     

    En este sentido, la literatura es el resumen y la punta de lanza del relato coral que entre todos escribimos, porque, por decirlo con palabras de Caballero Bonald, en los buenos libros las palabras son más grandes que en el diccionario, significan más, llegan más lejos. En todo caso, la literatura explora la frontera que separa las certidumbres de las dudas para seguir conquistando este mundo que pisamos, todavía tan ancho y tan ajeno.

    Salvador Compán es escritor