La muerte tiene un precio
La llegada de noviembre está marcada por un recuerdo a los seres queridos que se fueron. En numerosos municipios de la provincia, está relacionada también con la tradición de unirse en torno a una mesa para comer gachas y pestiños. Significa un día de descanso de las clases para los más pequeños y, cada vez más, de fiesta para los jóvenes, que se unieron a la tradición milenaria y anglosajona de Halloween y la viven como si hubiera nacido en España.
La llegada de noviembre está marcada por un recuerdo a los seres queridos que se fueron. En numerosos municipios de la provincia, está relacionada también con la tradición de unirse en torno a una mesa para comer gachas y pestiños. Significa un día de descanso de las clases para los más pequeños y, cada vez más, de fiesta para los jóvenes, que se unieron a la tradición milenaria y anglosajona de Halloween y la viven como si hubiera nacido en España. Pero, detrás de todo ello, existe un negocio del que se benefician hosteleros, pasteleros, tiendas de disfraces, locales de copas, compañías de espectáculos y, especialmente, las floristerías. En el último caso, hacen el mayor negocio de todo el año, y es que la gran mayoría de los jiennenses acuden a estos comercios tradicionales para comprar ramos y centros para llevar a las tumbas y nichos de sus fallecidos. Y, aunque también la crisis ha hecho mella en el sector, los vecinos no dejan de lado esta costumbre. Piden menos rosas, pero hay quien se atreve por las flores exóticas. Los cementerios, especialmente, se adornan con claveles margaritas, gladiolos y crisantemos y se encargan flores desde los cinco euros —en el caso de las margaritas— o los diez —para claveles— para hacer ellos sus propios ramos. Compran centros que cuestan desde treinta euros y que aumentan su precio según la demanda o el poder adquisitivo del consumidor. Y, como por todos es sabido, con el día de Todos los Santos, las flores cuestan más. La razón es que al propio empresario les sale más caro compráselas al productor. La diferencia, con respecto a otras fechas, ronda entre el 20 y el 30 por ciento.
Por su parte, la presidenta de la Federación Andaluza de Floristas y Plantas, María Castillo, señaló a Europa Press que el nivel de ventas sería “muy parecido” al el año pasado, si bien es cierto que los clientes gastan menos. También habló de una gran competencia: la venta de flores callejera ilegal, por lo que pidió a los ayuntamientos que hiciesen un control. En Úbeda, por ejemplo, la asociación de comerciantes Alciser solicitó a la Administración local que se prohibiese la venta ilegal en zonas como la puerta del cementerio de San Ginés, algo que se aceptó.
Otro de los negocios que salen bien parados son las pastelerías. Cada vez introducen más los llamados “huesos de santo”, y prevalecen dulces típicos, que pasaron de generación en generación, como los pestiños, los buñuelos los roscos y las galletas fritas. De hecho, en cientos de hogares se saborea estos días los deliciosos manjares de la tierra.
FIESTA. El miedo también vende en este Puente, y en la provincia quedó visible, el pasado fin de semana, en los establecimientos de ocio. El vestuario negro, los disfraces terroríficos, la sangre, las máscaras y las calabazas, las velas y la mirada oscura de cientos de jóvenes y no tan jóvenes quisieron reflejar la fiesta de Halloween y, también de ello, salen beneficiadas las tiendas que llenaron sus escaparates de máscaras de “Screen” y de pelucas originales. Hubo grupos de amigos que organizaron en casas una velada tenebrosa, y otros que decidieron pasear en la calle unas ropas que no saldrán más del armario. En este caso, también desde la Federación de Consumidores y Amas de Casa Al-Ándalus, conscientes de la importancia que ha adquirido en los últimos años la celebración, realizaron una serie de recomendaciones. Por ejemplo, que los clientes deben verificar que la etiqueta del disfraz cumple con las condiciones impuestas por la Unión Europa o vigilar que los artículos de broma o decoración no contengan sustancias químicas nocivas. Porque, como dejaron entrever, también en este tipo de fiestas hay que estar seguros de lo que se compra. Silvia Ruiz Díaz /Jaén