La menor de Baeza 'se escapa' del centro de acogida de la Junta
José Rodríguez Cámara/ Jaén
Vídeo -Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado buscan a la menor que, el pasado 28 de febrero, denunció a su padre por recluirla en una vivienda de una urbanización ubetense. La Junta puntualiza que la institución en la que estaba tutelada no era de reforma, por lo que podía salir y entrar.
José Rodríguez Cámara/ JaénVídeo -Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado buscan a la menor que, el pasado 28 de febrero, denunció a su padre por recluirla en una vivienda de una urbanización ubetense. La Junta puntualiza que la institución en la que estaba tutelada no era de reforma, por lo que podía salir y entrar.
La Guardia Civil, que detuvo a su padre, el pasado 28 de febrero, tiene ahora que buscarla. En el dispositivo también participan la Policía Nacional y los servicios de la Junta. Es la adolescente de 16 años que denunció a su progenitor después de que este, tras acordarlo con su madre, decidiera llevársela a una vivienda de la urbanización ubetense de El Campillo para evitar que saliera durante los días festivos del puente de Andalucía. De esta forma, decidieron corregir un comportamiento que consideraban que no es el apropiado. No era la primera vez que lo hacían. Por eso, la niña, en lugar de en la vivienda materna, en Baeza, donde reside habitualmente, se fue con su progenitor, que está separado de su mujer. La chica logró salir del chalé y avisó a un vecino, que le echó una mano para alertar a la Benemérita. Como medida cautelar, la menor fue trasladada a un centro de la Administración autonómica, es decir, provisionalmente, el padre, el presunto agresor y sospechoso de haberla retenido contra su voluntad durante dos días, pierde la patria potestad. La madre, como supuesta conocedora de los hechos, está imputada también y se le retira la tutela de la niña como una forma de proteger a la supuesta víctima de su familia.
La institución en la que la niña lleva desde el día 28 no es un centro de menores infractores, sino una especie de vivienda en la que está protegida. Por ello, dejan claro desde el Gobierno andaluz, no se le prohíbe la salida, no está interna, sino, según se apuntó a este periódico, como si viviera en una residencia. El domingo, después de salir, no regresó a dormir y, ayer por la mañana, los padres fueron avisados de su ausencia. Una vez más, como cuando el juez que instruye el caso la envió al centro, se aplica el protocolo que para este tipo de situaciones establece que, si a las veinticuatro horas no aparece, se denuncie la desaparición de la menor a las autoridades. Al cierre de esta edición, la adolescente no había sido localizada, como confirmó el padre que, no obstante, apuntó la posibilidad de que guardias civiles y policías ya estuvieran en su búsqueda, antes de haberse agotado el plazo legal. La menor no está sola, la acompaña otra de las niñas que está acogida en el centro de la Consejería de Igualdad y Bienestar Social.
La familia de esta menor aclaró que no es la primera vez que los denuncia y la propia Fiscalía confirmó que la relación entre la hija mayor de esta expareja es tensa con sus padres. Situaciones conflictivas, protagonizadas por la adolescente desde hace algunos años, habrían dado lugar a los problemas de convivencia que, finalmente, desembocaron en el arresto e imputación de los padres.
Dudas sobre si el castigo fue excesivo
El padre de la menor fue arrestado por la Guardia Civil por un delito de detención ilegal, una de las imputaciones más graves de las que se recogen en el Código Penal. El instructor del caso, cuando fue informado de que la chica había sido encontrada en Úbeda, con un ojo morado y asustada, también ordenó rápidamente que la supuesta víctima fuera explorada para determinar el origen de la lesión. Mientras su progenitor ingresó en el calabozo —estuvo dos días en una celda municipal de Baeza— su hija pasó a estar tutelada por la Junta. La madre fue detenida también, aunque liberada rápidamente, pero con cargos. El porqué de que se tomaran tantas cautelas, ante lo que, para los padres, no es más que un castigo, está en los sospechas de que la reprimenda fue excesiva y que, incluso, pudo haber violencia hacia la chica. Una vez que se da este paso, es difícil volver atrás. El asunto pasa a estar en manos de dos magistrados. Uno se dedica a los presuntos autores del delito y el otro vela para que la Administración autonómica ejerza de forma adecuada la patria potestad mientras dure el proceso. Si no se archiva el caso y, tras celebrar el juicio, se entiende que el hombre y la mujer son culpables de encerrar a su hija y maltratarla, se puede dar el caso de pierdan la tutela de forma definitiva. Lo ocurrido genera un amplio debate, sobre todo, por hacerse público que la menor ya había estado inmersa en otras situaciones muy conflictivas.
“Vuelve, que te queremos”
A Domingo no le cabe en la cabeza que a la Junta se le “pierda” su hija después de que la menor, por orden judicial, ingresara en un centro para estar protegida de los supuestos malos tratos que él le inflige. Hace un llamamiento a la adolescente para que regrese o a cualquiera que pueda ayudar a localizarla.
Domingo habló con este periódico la semana pasada, por teléfono y tras mucho insistir. Dijo que, hasta que no se resolviera el proceso judicial abierto contra él, —después de que su hija lo denunciara y por el que está imputado por detención ilegal y maltrato—, no haría más declaraciones a los medios. Trataba de estar al margen del revuelo creado a raíz de que, como castigo, decidiera llevar a su hija a una casa para que no saliera con sus amigos los días del pasado puente de Andalucía. Ayer, a cara descubierta, sin problema en ser fotografiado, se expresaba sin tapujos. La diferencia entre un momento y otro está en que ahora no sabe dónde esta la menor. “Me ha llamado la trabajadora social (del centro de la Junta en el que se encontraba la adolescente). Me ha dicho que, al no saber dónde se encontraba, han informado a los padres”, relataba este mecánico, en su taller, con el mono de trabajar, bastante minutos después de la hora del cierre.
“¿Qué hago, qué hago?”, se pregunta una y otra vez mientras atiende al móvil, que echa humo. “Solo quiero que aparezca”, le dice a una persona con la que habla por teléfono. A través de la cámara, se dirige a su hija mayor: “Vuelve, que te queremos, que te queremos muchísimo”. Dice que, como cualquier padre, lo único que busca es que su niña estudie lo que quiera, que le vaya bien en la vida. Por si alguien se la encuentra, la describe: “Dieciséis años, pelo corto, morena, ojos grandes, bastante guapa, porque mi hija es muy guapa. La estatura, 1,55 o 1,60”. Como está muy nervioso, se deja dos datos claves para identificarla, el color del cabello y de las pupilas de la adolescente. “Marrón, el pelo y los ojos son marrones”, corrige. Está tenso: “Espero que no le haya ocurrido nada, cualquiera sabe”. Tiene prisa, mucha: “Me han dicho (en el centro) que, cuando pasen las 24 horas, denunciarán las desaparición. Es una menor, tienen que buscarla ya”.
Tampoco entiende lo que ha ocurrido. El sábado, rememora, la menor llegó tarde a la institución en la que ejercen su tutela, “bastante después” de la hora en la que tenía que haberlo hecho. “El domingo vuelve a salir, esto no es de recibo”, reflexiona. “Lo que no es de orden es que se monte la que se ha montado. Nos tratan como terroristas y no podemos hablar con ella”, critica el hombre que deja claro: “Si tienen la custodia de mi hija, tienen que velar por ella”.
“Nunca la he tocado, nunca, siempre he hablado con ella, de con quién va. Esto no es justo”, sostiene Domingo, que anuncia: “Me iré a donde tenga que ir, hablaré con quien tenga que hablar, pero espero que esto sirva para algo, que logremos encauzarla”. E insiste en una idea que ya lanzó: “Hice lo que hubiera hecho cualquiera” y, como ya hizo la madre de la menor, se pregunta sobre la ley. “Soy como muchas personas, que no saben lo que hacer. Mira dónde estoy”.