La Loba Roja se cuela en The New York Times
La Loba Roja, seudónimo de la fuensanteña Alba González en Twitter, saltó a la primera plana de los medios de comunicación nacionales al ser condenada a un año de cárcel y siete de inhabilitación por la Audiencia Nacional por apología del terrorismo. “The New York Times” se hace eco de su caso. En un extenso artículo, firmado por Raphael Minder desde Madrid y publicado en la edición digital, el periódico repasa la historia de la primera mujer que es condenada en España por “incitar al terrorismo” en la red social.
Una “chica normal” cuyas reflexiones “revolucionarias y subversivas” le han costado, además de un veredicto en contra, una fama inesperada entre los ‘twitteros’ y los vecinos de Fuensanta, que ha llegado hasta la Redacción de uno de los diarios más prestigiosos del mundo. “La línea entre la rebeldía juvenil y algo más peligroso no siempre es clara”. Con esta disyuntiva arranca el texto de Minder, quien advierte sobre la sensibilidad con la que son tratados determinados asuntos “en un país que no hace mucho tiempo vivió la dictadura fascista y la amenaza del terrorismo de izquierdas”.
En este sentido, el autor del artículo, después de recordar casos similares ocurridos en Estados Unidos y en Gran Bretaña, donde dos personas fueron condenadas a prisión por publicar mensajes amenazantes contra una activista feminista, se mete de lleno en los “peligrosos” “tuitts” que Loba Roja lanzó en la red social, en los que, entre otras cosas, pedía la vuelta de los Grapo para “cometer atentados contra políticos y banqueros” y realizar “una limpieza de fachas urgente”. El periodista de “The New York Times” rescata otros dardos envenenados de Loba Roja al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y al ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, al que compara con un nazi. Todo ello sirvió para que, en su escrito de acusación provisional, el fiscal Pedro Martínez Torrijos atribuyera a Alba González Camacho un delito de enaltecimiento del terrorismo por difundir en su “cuenta”, denominada @albacorazonegro, lo que consideró “mensajes de contenido ideológico de elevado carácter radical y violento”.
Raphael Minder recoge en su texto distintas opiniones, como la del exministro de Defensa Eduardo Serra, quien reconoce que los grupos de extrema izquierda, como el Grapo, ya no representan peligro alguno para la sociedad española, pero advierte: “El terrorismo es el terrorismo y eso no puede ser glorificado”. El periódico estadounidense se hace eco de los correos electrónicos que intercambió con Alba González en los que se niega a ser entrevistada y admite que su caso “ha traído bastantes problemas a ella y a su familia”. También dice que sus mensajes solo persiguen luchar contra un sistema en el que hay gente explotada y en el que el euro “ha sembrado la desesperación económica”. En el siguiente “e-mail” Loba Roja insiste en que ella es “una chica muy normal”, que nunca imaginó que algo así le podía ocurrir, porque en internet se encuentran “un montón de tonterías”, peores, incluso, que las suyas, escribió acerca de su convicción. “Aquí la acusación es solo para los de un lado. Los fascistas pueden decir lo que quieren y nunca les pasa nada a ellos”, remata la joven fuensanteña que ha revolucionado Twitter.
El redactor subraya en su información que la condena a Alba González coincide con el debate abierto en el Congreso sobre las “restricciones a las protestas públicas, incluyendo el uso político de internet”. En este punto aporta la visión de una profesora de Derecho Penal y repasa el historial de atentados que ha vivido España en los últimos años por grupos separatistas, extramistas e islamistas. Por último, recoge las declaraciones de un abogado sobre las dudas legales que existen todavía en torno a las redes sociales. “Los legisladores van siempre un paso por detrás de la nueva tecnología”, comenta el letrado. Sea como fuere, Loba Roja ha visto crecer su popularidad en Twitter, donde tiene más de 14.415 seguidores, entre los que se encuentran el diputado y excoordinador general de IU, Gaspar Llamazares, y el director de cine Nacho Vigalondo. Tampoco se corta un pelo a la hora de enviar comentarios, muchos de ellos cargados de polémica.
Javier Esturillo /Jaén