La ligereza
Esta reflexión me surgió a partir de la lectura de La ridícula idea de no volver a verte de Rosa Montero, un libro que nos muestra a una Marie Curie más allá de su relevancia como científica descubridora de la radioactividad. A partir del análisis de su diario, nos descubre una mujer fuerte y, a la vez, muy frágil, como cualquier persona.
Aparece en esta obra un concepto que me parece sumamente atractivo: la ligereza. Una forma distinta de entender la vida, de aprender a flotar para poder avanzar a través del campo de minas que es la existencia. Si fuéramos capaces de adoptar ese estado gaseoso, podríamos valorar nuestros problemas en su justa medida y, de esa forma, evitaríamos que nos oprimieran el pecho como una alergia salvaje a ser libres, a tomar decisiones. Practicar la ligereza no es tomarse las cosas a la ligera. Es abordar los problemas pensando en su posible solución. Si tienes miedo a las matemáticas nunca las entenderás, lo aprendí cuando daba clases de recuperación en los veranos. Una chica que las había suspendido en junio consiguió un sobresaliente en septiembre, lo único que hice fue ayudarla a superar sus miedos. No es fácil practicar la ligereza, la vida nos somete a pruebas que funden en plomo las suelas de nuestros zapatos y curvan de miedo nuestras espaldas. El paro, las enfermedades, las relaciones familiares. Quizás no sea el mejor momento de hablar de la ligereza en estas tierras olivareras amenazadas por el desempleo y, si me apuran, la indigencia. O sí. Puede que sea este el instante justo para mirar hacia el futuro de otra forma, para desprendernos de las necesidades creadas por carísimas campañas de publicidad y olvidarnos de las expectativas que recaen sobre nosotros. No somos hijos perfectos ni padres ejemplares. No necesitamos un coche nuevo ni el móvil de última generación para ser felices. Disfrutemos de las pequeñas cosas. Caminemos con la cabeza alta y los pies ligeros. Hagamos lo que esté en nuestra mano para cambiar un mundo que empieza a no gustarnos, pero sin dramatismos. Los años se van y nosotros nos consumimos en expectativas, la mayoría de las veces, imposibles de alcanzar.
Felisa Moreno es escritora