La joven del olivar "duerme" en Baeza

Los pasos necesarios para repatriar el cadáver de O. I., la mujer rumana que apareció muerta en un olivar de Baeza el 26 de marzo de 2008, no avanzan. El cadáver de la joven, que cuando murió tenía 31 años, permanece en el nicho 61 del cementerio de la ciudad Patrimonio de la Humanidad.

    02 nov 2013 / 09:44 H.

    El cementerio de Baeza, ayer, Día de Todos los Santos, se llenó de vida. Fue un paradójico ir y venir de vecinos que acudieron a visitar las tumbas de sus seres queridos. Y es que el hecho de poder ser recordado por los que uno quiso es uno de los pocos consuelos del ser humano antes de irse al otro barrio. En el patio 5, fila 4 y nicho 61 del camposanto de la ciudad Patrimonio de la Humanidad descansa, desde hace ya más de un lustro, una mujer que tiene a los suyos a más de cuatro mil kilómetros. Sus orígenes están en la ciudad rumana de Braila, capital del distrito del mismo nombre en el país de los Cárpatos. Sus iniciales son O. I. y, en el momento en el que la hallaron muerta, el 26 de marzo de 2008, tenía 31 años; nació en 1977. Descubrir las causa de su fallecimiento fue rápido: al poco de encontrar su cadáver quedó claro que se asfixió al ingerir tierra, una conducta a la que le empujó una rara enfermedad, el síndrome Pica. Saber quién era fue más complejo. Hasta finales de 2011 no lo averiguó la Guardia Civil. Su regreso a casa, si es que llega algún día, también tardará; los trámites ya se demoran casi tres años.
    La investigación está sobreseída, aunque el expediente de repatriación no está cerrado, al menos no hay constancia de ello. O. I. está apuntada como difunta en el Registro Civil de Baeza, ciudad a la que pertenece la pedanía del Puente del Obispo, donde fue hallada. Los trámites habituales para el viaje de un cadáver de un difunto a su lugar de nacimiento son complejos. En este caso, el Gobierno de Rumanía tiene que recibir una comunicación del Ministerio de Interior español y del departamento homólogo rumano, amén de la notificación judicial. Un trámite burocrático que no es ágil. La Embajada rumana informó, hace más de un año, que no tenía en su poder solicitud alguna para hacerse cargo de los restos mortales. Más recientemente, el Ayuntamiento baezano, que es el encargado de custodiar el cadáver por una decisión del juzgado instructor, explicó, que el cuerpo está aún en el cementerio y que no tiene sobre la mesa solicitud alguna de traslado.
    La reconstrucción de los últimos días de la joven fue compleja. Con testimonios verosímiles, la Policía Judicial de la Guardia Civil conoció detalles sobre el que pudo ser su último paseo antes de morir, un 23 de marzo de 2008, Domingo de Ramos, cuando la joven caminaba por el arcén de la carretera A-316, que cruza el Puente del Obispo, donde fue hallada sin vida. “Iba en zuecos”, recordaron los testigos. El agricultor que se la encontró muerta en una finca se la encontró medio desnuda, lo que hizo pensar, en un primer momento, que se trataba de un crimen. Los informes forenses demostraron que no fue así, aunque no despejó el resto de dudas sobre su muerte. Su historia resuena en Baeza, donde fue encontrada, y da lugar a hipótesis de todo tipo sobre su muerte. 
    José Rodríguez Cámara / Jaén